Juan Pablo II, al inaugurar su pontificado, lanzó una proclama que resonó en todos los corazones del orbe católico: “¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Jesucristo!” Después del Concilio Vaticano II había en la Iglesia un lógico clima de incertidumbre
¿Y con qué impuestos se ha tenido que pagar la limpieza de la Puerta del Sol o la ocupación del Paseo del Prado, o los destrozos y desmanes de las protestas ilegales? Pues, por supuesto, con los nuestros,
Sin economía de mercado no hay salvación. Todos los experimentos que en el mundo han sido, saliéndose de ese esquema, han fracasado estrepitosamente.
Shlomo Ben Ami, uno de los analistas de la política internacional más lúcidos y que más se compromete opinando, acaba de escribir sobre la incapacidad del hombre occidental, esencialmente europeo y norteamericano,
El miércoles pasado, desde el atardecer a bien entrada la noche, asistí a un acontecimiento musical sin precedentes que me dejó una impresión muy profunda, quizás por este momento tan especial de mi vida