EL HOMBRE BLANCO

Shlomo Ben Ami, uno de los analistas de la política internacional más lúcidos y que más se compromete opinando, acaba de escribir sobre la incapacidad del hombre occidental, esencialmente europeo y norteamericano, del hombre blanco en suma, por seguir liderando el mundo. Nuestra civilización, que a lo largo de mas de dos milenios ha impreso con su sello un estilo al mundo, está pasando a segundo plano. China es quien financia las guerras que nosotros emprendemos; y culturas como la hindú, el Islam, la de los pueblos hispanos o la africana están marcando un rumbo nuevo que hará de nuestro viejo continente, y quién sabe si de Norteamérica a medio plazo, un parque temático.

La Iglesia Católica, esa iglesia tan mal comprendida y peor explicada, sin embargo, hace años se desmarcó de esa tendencia y comienza a ser más importante en Oriente, Hispano América o África, que en nuestros países, supermercados de derechos, que somos incapaces de implantarlos con la convicción de la razón, a no ser que venga acompañada de la fuerza en el más clásico clausewitziano sentido del término. La palabra “católico” proviene del griego y significa “universal”. Y así se define a la Iglesia –una, santa, católica y apostólica- desde el Concilio de Nicea del año 381. Hoy la sede de la Iglesia está en Roma, pero podría estar en cualquier otra parte en sentido metafórico. A nuestros niños les educan en la religión y en sus valores, sacerdotes orientales, hindúes, africanos de las más variadas etnias, filipinos o mestizos. Ellos les indican el camino de la Verdad encriptados en la fe, la esperanza y la caridad; o en las virtudes de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. La Iglesia sí ha entendido que la luz del mundo ahora, probablemente, ya no sólo alumbra desde Roma.

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  1. JPG opina:

    Las virtudes teologales, y las contempladas en la ética nicomáquea, deberían prender en nosotros para poder alumbrar el mundo.

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