EL VELO Y EL AVESTRUZ
Categoría Abogacía
El avestruz, cuando se encuentra ante un peligro, esconde la cabeza debajo del ala. Ya no ve nada y cree que el peligro ha desaparecido. La mujer islámica, ante la ferocidad del Corán, o de su interpretación al pie de la letra, y de los imanes que lo predican, por puro instinto de conservación prefiere enfundarse el velo e ir tirando. Luego, incluso, formulará una construcción teórica para justificar esa actitud sumisa de difícil comprensión en nuestras sociedades occidentales y en este comienzo del siglo XXI.
Pues una cosa es no hacer un problema sobre la escolarización de las niñas con velo o sin él y otra, muy distinta, que el Estado -la escuela pública- no tenga la obligación de hacer pedagogía ante determinadas manifestaciones religiosas incompatibles con la libertad. El burka es un insulto a la igualdad. Y nada hay comparable con ninguna otra religión como estas manifestaciones de esclavitud femenina que tanto parecen gustar a nuestras progres socialistas.
El mejor antídoto contra la intolerancia no es la permisividad, y por ello en Francia van a penalizarse determinadas actitudes de religiosidad islámica. El mejor antídoto es la potenciación de nuestra cultura judeo cristiana. Se nos dirá que aquí también hubo inquisición y sumisión. Es cierto, pero ya no la hay. Según el calendario islámico estamos ahora en 1431, y esto se nota. Se nota tanto que, o colocamos la realidad en su sitio, o nos veremos devorados por una ficción que la permisividad irá convirtiendo en realidad.
Leía ayer en estas páginas que los imanes españoles instaban a los musulmanes a exigir sus derechos. En las fotos no había una sola mujer. Es cierto que en nuestras religiones cristiana y judía la mujer no tiene, todavía, un papel importante. Pero en el Islam es, sencillamente, inexistente. A lo sumo, la mujer es una criada, una esclava, una pr
El avestruz, cuando se encuentra ante un peligro, esconde la cabeza debajo del ala. Ya no ve nada y cree que el peligro ha desaparecido. La mujer islámica, ante la ferocidad del Corán, o de su interpretación al pie de la letra, y de los imanes que lo predican, por puro instinto de conservación prefiere enfundarse el velo e ir tirando. Luego, incluso, formulará una construcción teórica para justificar esa actitud sumisa de difícil comprensión en nuestras sociedades occidentales y en este comienzo del siglo XXI.
Pues una cosa es no hacer un problema sobre la escolarización de las niñas con velo o sin él y otra, muy distinta, que el Estado -la escuela pública- no tenga la obligación de hacer pedagogía ante determinadas manifestaciones religiosas incompatibles con la libertad. El burka es un insulto a la igualdad. Y nada hay comparable con ninguna otra religión como estas manifestaciones de esclavitud femenina que tanto parecen gustar a nuestras progres socialistas.
El mejor antídoto contra la intolerancia no es la permisividad, y por ello en Francia van a penalizarse determinadas actitudes de religiosidad islámica. El mejor antídoto es la potenciación de nuestra cultura judeo cristiana. Se nos dirá que aquí también hubo inquisición y sumisión. Es cierto, pero ya no la hay. Según el calendario islámico estamos ahora en 1431, y esto se nota. Se nota tanto que, o colocamos la realidad en su sitio, o nos veremos devorados por una ficción que la permisividad irá convirtiendo en realidad.
Leía ayer en estas páginas que los imanes españoles instaban a los musulmanes a exigir sus derechos. En las fotos no había una sola mujer. Es cierto que en nuestras religiones cristiana y judía la mujer no tiene, todavía, un papel importante. Pero en el Islam es, sencillamente, inexistente. A lo sumo, la mujer es una criada, una esclava, una procreadora de hijos. ¿Es la libertad del avestruz la que queremos para nuestras hijas?
ocreadora de hijos. ¿Es la libertad del avestruz la que queremos para nuestras hijas?
