¡VAYA CRUZ!

El Valle de los Caídos es un tema recurrente al que no se ha sabido —o podido, todavía— darle adecuada solución. El debate gira en torno a la esencia misma del franquismo. Desde los que dicen que habría que volar la cruz, pasando por la más moderada postura de quienes preconizan tan sólo trasladar el cadáver de Franco, a los acérrimos defensores de dejarlo todo igual, hay opiniones para todos los gustos. Las mismas que leemos estos días sobre el Diccionario Biográfico Español.

¿Fue el franquismo una dictadura o, tan sólo, un «régimen autoritario»? Una cosa, desde luego, no fue: un régimen de libertades y un estado democrático. Quizás el franquismo fue casi todo lo que pasó en la segunda mitad del siglo XX. Se inauguró como un golpismo militarista muy siglo XIX, para pasar enseguida a convertirse en un fascismo ideologizado por la doctrina falangista y un catolicismo nacionalista y militante. Luego, terminada la Segunda Guerra Mundial, se transformó en una especie de estado autocrático y corporativista, permaneciendo lo de católico, que era —¡oh paradoja!— lo único que tintaba al régimen con un poco de modernidad. Con la llegada de los tecnócratas —¡qué servicio más impagable hicieron a España!— se modernizó el Estado y se puso en marcha un desarrollismo que nos fue igualando económicamente a Europa. Y, para acabarlo de arreglar, el propio Franco abrió el camino a una transición pacífica, ordenando a los suyos que «rodeasen» al Rey de España. España es, hoy pues, lo que ahora somos: un estado social y democrático de derecho.

Todo eso no justifica el franquismo, ni que los restos de Franco permanezcan en ese mausoleo que ni siquiera quiso para sí. La Basílica está bien —guste o no estéticamente— como está, aunque debería convertirse, además de lugar para la oración, en memorial de la Guerra Civil.

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