¿DULCE NAVIDAD?

Para  algunos, desde luego, dulce; pero amarga para la gran mayoría de la humanidad. Cuando era niño, el jesuita que sermoneaba en la misa del Gallo, nos aguaba la fiesta recordando las decenas de miles de personas que se hacinaban en insalubres e inhabitables chabolas repartidas por los arrabales de la ciudad. Quizás por ello, mi padre, que fue Comisario General para la Ordenación Urbana de Madrid, allá por los sesenta, prematuramente fallecido a los 54 años y al que Madrid le debe su configuración actual, tuvo como objetivo esencial la erradicación de esa lacra. Mi padre fue un buen cristiano y murió con lo puesto, miles de libros, y poco más. Desde hace cuarenta años, que se fue, le recuerdo especialmente en estas noches agridulces.

 

Esto es parte de su testamento vital que nos legó a sus hijos, cuando ya se moría, a modo de aforismos, en forma de Cartas a los Reyes Magos: “No aceptéis sin propio convencimiento las enseñanzas que hayáis recibido, pero mucho menos las rechacéis apriorísticamente o como consecuencia de malas experiencias ocasionales o desgraciadas. El servicio al pueblo, el amor al prójimo, en términos cristianos, se realiza en actos más que en palabras, las más de las veces huecas de contenido real”. “La religión cristina –concluía- no es una lista de obligaciones y prohibiciones, sino que, como dijo Cristo, todo se reduce al precepto universal de amor a Dios y al Prójimo”.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

compartir delicious digg frequi google meneame technorati

Deje un comentario