LA IGLESIA GLOBAL

La creación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, que el Papa acaba de promover poniendo a su frente al arzobispo Rino Fischella, uno de los hombres más cultos y mejor informados de la Iglesia, puede suponer un nuevo impulso para el catolicismo en los tiempos de la globalización o, como dice del decreto creador, un reto ante los gigantescos progresos de la ciencia y de la técnica; ante los nuevos e imparables espacios de libertad individual; ante los profundos cambios económicos; ante el proceso de mezcla de etnias y de culturas, así como ante fenómenos migratorios masivos. En suma, ante la creciente interdependencia entre los pueblos.

 

La misión del Consejo Pontificio no es la predicar el Evangelio entre “chinos y negritos” como nos educaban en nuestra niñez mientras se iba creando un caldo en el que se fue cultivando la pérdida de la fe. Hoy está probablemente mucho más viva la palabra de Dios, la antigua y la nueva, en grandes zonas de África y Asia o la América hispana y portuguesa, que en Europa y América del Norte. Como las antiguas siete iglesias del libro del Apocalipsis de san Juan, las iglesias particulares del occidente cristiano se van deshaciendo sin que encuentren su espacio teológico y pastoral. Acabo de regresar de Roma, a donde acudí con mi familia a visitar los vestigios de la antigüedad romana y el esplendor vaticano de nuestra religión. Quizás fue porque la última vez que estuve fue cuando el Cónclave que eligió a Benedicto XVI y pude pasearme por lugares insólitos sin aglomeraciones ni empujones. Esta vez he vuelto convencido que algo habrá que hacer para que nuestra Iglesia no se convierta, también, en un parque temático y que los frescos de Miguel Ángel o de Rafael nos inspiren, al menos, admiración y no unas ganas tremendas de salir corriendo de la Basílica ante la imposibilidad física de encontrar un espacio.

                                                                                                                     

Recuerdo un viejo Rabino amigo mío, especializado en “marketing” religioso, que una vez me comentaba con cierta melancolía: “¡Qué pena, ustedes que tienen una religión tan bella y que mal la venden!” Pues eso, a ver si nos esmeramos con este nuevo Consejo Pontificio y nos adaptamos los europeos católicos, como dice el Decreto pontificio, a la modernidad global.

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  1. Peregrina opina:

    Pero … ¿en serio es necesario uno de los hombres más cultos y mejor informados de la Iglesia … para que la Iglesia, los mandos de la Iglesia, se percaten de qué es lo que no va … cuál es el cambio que necesitan …?

    Siendo una niña, ya lo veía, hoy, cientos de personas lo claman cada día … es tan fácil … tan evidente … que hasta me da reparo ponerlo aquí … teniendo en cuenta que soy algo así como una intrusa en casa ajena …

    Humildad.

    La Iglesa católica carece de humildad. No escucha a la gente, hace oídos sordos a las peticiones de la gente …

    Supongo que habrá personas más puestas que yo en el tema, dado que, como digo, desde niña me separé de la Iglesia, y no siento demasiado interés por su devenir, pero le diré un tema, solo uno, que es clamoroso cambiar … el hecho de que las mujeres no puedan tener acceso al sacerdocio.

    Cuando era niña y hacía la catequesis, la preparación para la Confirmación, le pregunté al “preparador” por qué razón las mujeres no podían ser sacerdotes, y aún recuerdo su respuesta: porque los apóstoles eran hombres, no mujeres … pero que la Iglesia, reconocía la dignidad de la mujer.

    Yo comprendo que puede parecer un tanto idealista decir que mujeres y hombres somos iguales. Pero es que, es así.

    La diferencia que nos distingue sólo está en una parte concreta de nuestra anatomía. En el resto somos idénticos. Y en cuanto a nuestra forma de pensar … conozco hombres que se comportan igual que se comportan mujeres, y a la inversa. Si hace años la diferencia era enorme, cada vez más, prima el desarrollo libre de la personalidad y eso nos hace idénticos, cada uno en nuestra singularidad.

    ¿Por qué entonces, si somos idénticos, no podemos todos acceder al sacerdocio?

    Hace tiempo leí una entrevista realizada a un ex-sacerdote holandés, creo que era. Era un crítico con la Iglesia, y había sido expulsado de la Iglesia por ser, precisamente, crítico con los mandos de la Iglesia … y lo que más me sorprendió de su entrevista era el amor hacía la religión católica que se desprendía de sus palabras …

    No pongo en duda que el arzobispo Rino Fischella sea un hombre culto y bien informado, pero si de verdad quieren el cambio que necesita la Iglesia, tienen que empezar a escuchar … a escuchar a aquéllos que no gusta escuchar, porque dicen cosas que no gusta oír, porque nos llevan la contraria, porque proponen cosas a las que no estamos acostumbrados …

    Es sencillo, en realidad, … escuchar, hablar, intentar llegar a un acuerdo … son, todos ellos, rasgos de humildad.

    Estoy convencida de que si Jesucristo hubiese nacido hoy, escucharía … y probablemente, entre sus apóstoles también habría mujeres.

    Por cierto, un último apunte, ese decreto creador no parece estar muy al día, no nos encontramos en una época de “nuevos e imparables espacios de libertad individual”, al contrario, cada día tenemos menos Libertad, y somos más víctimas de la esquizofrenia colectiva.

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