LA PALRTÍCULA DE DIOS

Entramos en una sinagoga, atravesamos los bancos y llegamos al lugar más sagrado, donde se guarda, en un armario, en el tabernáculo… ¡un libro, la Torá! Es la palabra de Dios, la ley, palabra del espíritu, que el hombre interpreta a su libre albedrío. Y si entramos en un templo cristiano, después de recorrer la nave y llegar al altar, nos encontramos con el sagrario donde habita, nada menos, que Dios hecho hombre. Hemos completado el círculo sagrado, el LHC de la religión: el espíritu y el cuerpo, la palabra y el hombre. Y así caminamos desde hace milenios en busca de una explicación que tantas veces se nos hace inexplicable como no sea desde la iluminación de la fe.

 

Ahora, después del más que probable descubrimiento por el científico Craig Venter de vida sintética; y de los experimentos realizados con el Colisionador de Hadrones construido bajo la tierra ginebrina en una enorme circunferencia de 27 kilómetros, se plantea si eso es compatible con la existencia de un Dios, principio y fin del Universo, Señor de todo lo creado y lo increado, padre e inspirador de la vida. Confieso mi ignorancia, al tiempo que mi enorme curiosidad por todo esto. Por los quarks y los anti quarks, por la materia y la anti materia, por lo que es y lo que no es, por el bien y por el mal, por el cielo y por la tierra…

 

El otro día, Teresa Rodrigo, una científica española que trabaja en el experimento de Ginebra, trataba de explicarnos que uno de los objetivos fundamentales del LHC era hallar el “bosón”, es decir la explicación de porqué las partículas tienen masa o, lo que es lo mismo, por qué existe materia en el universo. ¿Y todo eso que tiene que ver con Dios?, me pregunto. Pues que Dios es el misterio, que habita la región de lo inexplicable, esa zona que está “al principio” de la luz y de la obscuridad.     

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  1. Juan Pedro opina:

    La partícula de Dios no es más que el reflejo de la peligrosa prepotencia del hombre con el LHC por intentar negar la existencia de algo que, desde el momento que es imaginado, ya existe.

  2. Emilio G opina:

    Está bien dudar de nuestros conocimientos en Ciencia porque explicar la realidad que percibimos, de una forma sencilla, exige un enorme esfuerzo a los que se lo proponen.
    Pero la Ciencia no ha sido necesaria para que exista la materia, ni el bosón de Higgins (si es que puede existir), ni la vida, ni Venter.
    Ahora bien, la Ciencia resulta muy conveniente para explicar todas esas manifestaciones de lo que llamamos la realidad y admirarnos de ellas.
    Y para darnos más motivos de agradecimiento a Dios por vivir en esta época de grandes descubrimientos.

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