LA DUDOSA INDEPENDENCIA DEL FISCAL GENERAL DEL ESTADO

No hay definición más hermosa en la Constitución de 1978 que la dedicada al Ministerio Fiscal. Como si fuese un dechado de virtudes, le asigna la misión de promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por ley -¡nada menos!- y velar por la independencia de los Tribunales, procurando ante éstos la satisfacción del interés social.  El Ministerio Fiscal forma parte, además, del Poder Judicial.

Pero, hecha la ley, la propia Constitución nos descubre la trampa: El Ministerio Fiscal ejerce sus funciones por medio de órganos propios –hasta aquí todo va bien- “conforme a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica” -¡ay!- y aunque intente salvar eso tan poco independiente de la “dependencia jerárquica” al final del precepto con un “y con sujeción, en todo caso, a los de legalidad e imparcialidad”, toda la hermosura de la misión del Ministerio Público, se prostituye al vender sus encantos al mejor postor político. Efectivamente, el Fiscal General del Estado, nombrado por el Gobierno y lacayo de él, ejerce como una madama que manda a sus chicas y sus boys a ejercer un trabajo, a veces incluso honorable, y otras no tanto, que suele venir determinado por la conveniencia política. Igual que hay figuras que intervienen en el proceso perfectamente definidas, como el juez instructor o la policía judicial, la del fiscal es un híbrido que en ocasiones hace el papel de bueno y en otras el de malo.

Los gobiernos conservadores han sido más “conservadores”, valga la redundancia, a la hora de nombrar fiscales generales y han solido designar a personalidades de reconocido respeto. Nadie puede poner un “pero” a los dos que nombró Aznar, ni a Ortiz Úrculo ni a Jesús Cardenal, uno de los hombre más bondadosos y justos que han pasado por el Poder Judicial. Pero, ¿podríamos decir lo mismo de Eligio Hernández –también conocido por “el pollo del pinar”- o de Leopoldo Torres, que había sido vicepresidente del Senado? Quizás, con reservas, podríamos admitir el prestigio jurídico de Carlos Granados o de Burón Barba. Pero los dos primeros, Hernández o Torres, al margen de sus cualidades personales, eran, por encima de todo, dos miembros del partido socialista incrustados descaradamente en Ministerio Público.

Y llegamos a la situación más alarmante. El mayor uso y abuso del Ministerio Fiscal, en beneficio del partido del Gobierno, se produce con la designación del actual Fiscal General del Estado, una personaje de tinte oscuro y revestido con la piel de cordero “profesional” de la carrera judicial, procedente de una saga de jueces que se han perpetuado en la magistratura desde los tiempos del franquismo. Cuando el injusto proceso contra Javier Gómez de Liaño por el delito de prevaricación –una situación clónica a la que ahora pretende repetirse con Garzón- era ya Conde Pumpido magistrado de la sala Segunda del Tribunal Supremo. Entonces recusé al instructor, de cuyo nombre prefiero no acordarme, y el tiempo que estuvo apartado del procedimiento, fue sustituido por el actual Fiscal General, entonces magistrado. Ahí me di cuenta de la catadura del personaje y de la dureza de su piel.  Además, era mucho más inteligente y hábil que el pobre sustituido. Recuerdo una mañana en la que le tomó declaración a Gómez de Liaño. No podía dar crédito a una actitud más torcida y retorcida que la de este Conde Pumpido, y muchas cosas podría decir de él, así como de ese infausto procedimiento, que me guardo para cuando sea viejecito y no tenga nada mejor que hacer que escribir mis memorias, las memorias, entre otras cosas, de este acoso judicial. Y no piensen que el acoso lo ejerció el grupo PRISA que, como era su obligación y derecho, se defendió como pudo. El acoso y derribo de Gómez de Liaño, como ahora el de Garzón, lo organizaron y ejecutaron –igual que ahora- sus propios “compañeros”. A Liaño no le sirvió de nada tener un Fiscal General bueno que le apoyaba; ni ahora le servirá de nada a Garzón tener un Fiscal General lacayuno del escalafón.

Ahora, y siento decirlo, el Ministerio Fiscal se ha convertido en un servidor del Gobierno, mejor dicho, del partido del Gobierno quien acosa al Partido Popular, o a quien le interesa, a través de esa fiscalía anticorrupción. La cadena de mando funciona de este modo: El Fiscal General bajo pasa sus instrucciones al Fiscal Anticorrupción quien, obediente, a su vez las transmite, como ha hecho en el caso Gürtel, a unos fiscales que se limitan a decir “amén”. Una verdadera vergüenza. Y así, mientras a Bono no se le investiga, en cambio a Bárcenas se le ha mirado, con la inestimable ayuda de algunos “compañeros” de su propio partido –ay, insensatos- hasta la última gota del sudor de su camiseta. Las fiscales del Gürtel, probablemente desde su ignorante buena fe, han llegado a pedir al Instructor de la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que no procediese a levantar la imputación de la mujer del ex senador, que nada tenía que ver con el asunto, “por si acaso” de la documentación que debía remitirle el Tribunal Supremo se desprendía alguna actividad delictiva. Cuando la deriva de la figura del fiscal camina hacia tan siniestros derroteros de manipulación política, donde se sigue al pie de la letra unas dudosas investigaciones policiales sin fundamentación alguna, o se pretende la “imputación preventiva”, la independencia del Ministerio Público resulta seriamente dañada.

 

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  1. Juan Pedro opina:

    Los fiscales son los malos de la película.

  2. Mar García opina:

    Los españoles creen en la ignorancia de que la fiscalía no depende del propio gobierno. La separación de poderes aquí no existe. Pero como en muchas otras cosas, los españoles viven en la ignorancia y sólo se preocupan por el fütbol o la belén estéban.
    Ni siquiera se preguntan por la incapacidad, inutilidad, prácticas mafiosas, y la composición de vagos y maleantes que conforman nuestros sindicatos.

  3. Broncepulido opina:

    No debe de quedarle a Jorge Trías ninguna duda, la independencia del Ministerio Fiscal es nula, tal y como se deduce del principio jerárquico que determina su actuación, y no cabe el menor atisbo de independencia. Además de la sobrecarga de trabajo, la precariedad en el empleo de los cada vez más numerosos Fiscales Sustitutos (llamemosles Abogados Fiscales o como queramos llamarles) les produce una obediencia debida muy por encima de los preceptos legales, nadie va a salirse de la cadena de mando y no ser renovado en su sustitución.
    Y si no se puede atrapar a los del PP porque no hayan cometido delito evidente o flagrante alguno, no hay problema, ya se les perseguirá por delitos imaginados contra el Medio Ambiente o cualquier otra superchería tipo Caza de Brujas, tal y como se está utilizando actualmente como excusa en la provincia de Castellón la persecución del metodo tradicional de caza llamado Parany para perseguir tanto a los políticos rivales como sobre todo a la población local. Así además se consigue crear un Estado del Miedo y de terror, tratando de generar una dependencia de los ciudadanos de los poderes del Estado supuestamente salvador.

  4. Joaquin opina:

    Sr. Trias, para escribir esto, y no haberlo escrito del Sr. Cardenal, mas que fiscal general, jefe de la guardia pretoriana-juridica de Aznar (no encuentro nada suyo a ese respecto en el web), y quedarse tan pancho Vd., tengo que suponer que durante los gobiernos PP estuvo Vd. hospitalizado y sin contacto con el mundo exterior. No me equivoco, verdad?

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