EL VELO Y LA TOCA

Cuando era estudiante recuerdo haber visto en los pasillos de  la Universidad a alguna monja con su toca y nadie se escandalizaba. Entonces España, es cierto, era un país confesionalmente católico y, ahora, no lo es. Pero nuestra Constitución, no sólo respeta sino que ampara la manifestación pública de la creencia religiosa. Francia es un país laicista sin tinte religioso. El Reino Unido, en cambio, es una monarquía teocrática, perfectamente compatible con la democracia, y la reina es la Jefa de la Iglesia anglicana. España es, por el contrario, una nación laica, pero no laicista, como nos enseñarían los profesores Ollero o de la Hera, desde vertientes jurídicas distintas aunque coincidentes.

                                       

Se equivocan, pues, quienes afirman que los centros escolares tienen autonomía para decidir sobre la simbología religiosa. También creo que yerran quienes creen que el derecho a la educación debe primar sobre cualquier otro. El debate está servido pues no existe una norma estatal que regule las manifestaciones religiosas en centros escolares o universitarios. ¿O acaso no es compatible que los chicos vayan con un crucifijo en la solapa o con kipá, los curas con alzacuellos, y las chicas islámicas con velo? El obispo Martínez Camino, secretario de la C. E. Española, ha puesto una nota de sentido común. Y es, desde luego, desde el sentido común como hay que resolver este tema. O sea, ¿una chica puede ir con minifalda enseñando el tanga y el chico con vaqueros mostrando la raya del culo, y una muchacha islámica no se puede cubrir la cabeza? En fin, a mi lo del tanga me puede gustar o no, lo del trasero menos, pero, que quieren que les diga, lo del velo, como comparación, me parece hasta más decente. Sigamos: hacer deporte con velo me parece antihigiénico, como jugar al futbol con sotana –cosa que ya no se estila- o al baloncesto vestidas de monja. Pero que cada cual vaya, sin que suponga un desafío a los derechos humanos -el insultante burka, por ejemplo- como con discreción quiera. Desde la sensatez esta cuestión no debería convertirse en problema.

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  1. Clara Hernández opina:

    Soy religiosa católica desde hace 35 años. Desde entonces he vestido el hábito de la Congregación a la que pertenezco y he llevado la cabeza cubierta por un velo (yo no se usaba toca cuando yo llegué). Ni el hábito ni el velo me han hecho sentir ni más ni menos de lo que soy y del compromiso que adquirí cuando al imponerme el velo se me explicó su significado: “para que se conozca que eres toda de Cristo y al servicio de la Iglesia” Me he preguntado muchas veces en los últimos tiempos qué es lo que de verdad se ataca con tanto pronunciamiento contra el velo de las musulmanas. ¿Por qué ellas se han convertido en un problema? ¿Qué escondemos debajo de ese velo y qué es lo que estamos rechazando? ¿No ha habido a lo largo de la historia suficientes muertos a causa de los símbolos religiosos? ¿No será que mientras condenamos la Inquisición nos convertimos en nuevos inquisidores?

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