RABINOS Y SACERDOTES

Un lector de Nueva York ha colocado el siguiente comentario en mi blog escudándose en el post que tiene colgado en el suyo el Arzobispo neoyorkino Timothy Dolan: «Se encuentran ejemplos de doble o triple moral, por ejemplo de abuso sexual de parte de unos rabinos de New York que descubrieron 40 casos en el plazo de un año». He abierto el blog del arzobispo y yo no he leído eso. Cito textualmente: «El Dr. Assets ignora que hasta la fecha la conclusión del Dr. Carol Shakeshaft es que el número de casos de abuso de menores en las escuelas gubernamentales es mucho peor que la de los sacerdotes». No hay, pues, comparación con otras confesiones, y menos con la judía. Esparcir la porquería me parece, en cualquier caso, una pésima estrategia y por ello hay que alabar la actitud del Santo Padre, inequívoca y severa, contra esta plaga que está azotando a nuestra Iglesia, no a otras confesiones.
Es probable que la actitud de The New York Times sea sectaria, pues no quiso publicar el artículo que le remitió el arzobispo de Nueva York. Pero nuestra Iglesia, como lo está haciendo, debe asumir, no sólo la responsabilidad canónica sino, también, la responsabilidad criminal que pudiera derivarse, por acción o por omisión, de los repugnantes y terribles casos que vamos conociendo. Si tenemos fe sabemos que «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella». Y que estamos cociéndonos en una caldera que sólo nosotros, los católicos, hemos alimentado. Apoyemos, pues, al Papa y a la Iglesia con inteligencia. Y no lo es intentar tirar la bola de fuego, que nos calcina, hacia otras manos. Ya está bien de echar la culpa, cuando algo nos sale mal, muy mal, a judíos o masones. Algo está podrido en la Iglesia Católica -ya lo advirtió Pablo VI- y habrá que ayudar a Benedicto XVI a limpiarla afirmando, como ha afirmado, que «sentimos vergüenza». Y que la justicia culmine su trabajo.
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