LA LIBERTAD DEL REY

El papel constitucional del Rey está tan claro que, solo desde la mala fe o la ignorancia, puede someterse a discusión. Ahora tendrá que sancionar con su firma una ignominiosa ley, la del aborto como un derecho, que ha levantado una buena polvareda sobre cuál debería ser la actitud del Monarca ante una norma legal con la cual, como católico confeso que es, se presume que está en radical desacuerdo. ¿Tiene libertad el Rey para no estampar su firma?

La Constitución es contundente: “De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden”. Esto significa, según ha escrito Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón en los “Comentarios a la Constitución Española de 1978”, dirigidos por Oscar Alzaga, que “la eficacia del refrendo viene señalada positivamente en el artículo 64.2 –que he transcrito- cuyo alcance es pleno a la luz de los dispuesto en el artículo 56.3: …Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65.2 (nombramiento y relevo de miembros civiles y militares de su Casa). De ahí que el Tribunal Constitucional, al describir la institución del refrendo, le haya vinculado dos consecuencias: la asunción de responsabilidad, como consecuencia positiva, y la falta de validez en caso de ausencia, como consecuencia negativa.”

Decir que el Rey debería no sancionar la ley es una afirmación que hace mucho ruido. Se pone el ejemplo de Balduino de Bélgica, pero la realidad de ese país es muy distinta a la nuestra. El gesto, en cualquier caso, sirvió para poco, quizás para tranquilizar la conciencia del monarca belga. Yo me quedo con la prudencia con la que está llevando este caso la Conferencia Episcopal, y especialmente su portavoz el obispo Martínez Camino, que con  el griterío que arman aquellos irresponsables que quieren ser más papistas que el Papa. 

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  1. SARA I. opina:

    La ignorancia, Sr. Trías, es una actitud, una cualidad, que siempre se manifiesta en forma de emoción extrema. La ignorancia suele ser directamente proporcional al grado de radicalización de la propia perspectiva. Y mucho ruido hace tal reivindicación, como muy bien dice usted.
    Pues, si bien la Constitución tiene zonas de penumbra que permiten la ambigüedad, en el caso concreto que nos ocupa, hay 2 artículos cuya interpretación es única y palmaria.
    Pedirle al Rey que no firme y no sancione es un absurdo que sólo puede florecer en la mente de quien desconoce la ley a este respecto. No van dirigidas esas quejas a la persona acertada, pues su competencia (la del Rey), en este aspecto, empieza y termina en el mero simbolismo o formalismo de una firma, que no supone más que un acto de solemnidad absolutamente ‘wertfrei’, sin ninguna posibilidad valorativa.

    Y vaya por delante mi radical oposición (sólo en ciertas cuestiones de conciencia moral, y en absoluta armonía con los “principios universales” cabe la firme contundencia) a la ley aprobada. Pero la Constitución está vigente y, mientras no se dignen los partidos a coger el toro por los cuernos y reestructurar lo que ya no se ajusta a nuestra realidad social y política (que tampoco vendría mal), sólo cabe procurar su cumplimiento, pues, no sería propio ni beneficioso para el Estado de Derecho, que sólo se diera cumplimiento a aquellos preceptos que interesan en cada momento, deslegitimando los que no. Tal y como está ocurriendo hoy día, empezando por la quiebra de los artículos relativos a la democracia interna de partidos. Pero es ése otro tema y otro debate.
    Acuerdo absoluto con su post.

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