¿TIENEN MIEDO LOS JUECES A LOS TERRORISTAS?

He vuelto a formularme esta pregunta después de conocer la decisión del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que revocaba la orden  de Rodolfo Ares, titular de Interior en esa Comunidad Autónoma, prohibiendo a una asociación de presos que exhibiesen fotos de reclusos de ETA en unos actos de apoyo al terrorismo en Mondragón.

 

Los magistrados han decidido con argumentos sin consistencia jurídica alguna, basados en una especie de voluntarismo que niega la realidad de lo que ocurre. “Nos encontramos ante manifestaciones que no han sido prohibidas, ni por la ilicitud penal, ni por riesgo de alteración del orden público con lesión para bienes y derechos, u otras transgresiones de derechos fundamentales”, dicen, quedándose muy descansados en sus poltronas, después de haber abdicado de su obligación de pronunciarse. ¿O acaso no son ellos, en última instancia, quienes deben decir si un acto se prohíbe o se autoriza?

 

¿Por qué se interpreta la ley en España de una manera tan retorcida y carente del más elemental sentido común? Descarto, de entrada, la mala fe. Y llego, entonces, a la terrible conclusión que este tipo de resoluciones judiciales están dictadas por el miedo y la desazón que debe producir en algunos magistrados la posibilidad de sentirse en el foco de la diana terrorista. El terrorismo sigue existiendo en España, pues, porque, entre otras razones, algunos jueces son permisivos. Con los mismos argumentos del TSJPV, las Juntas generales de Guipúzcoa condenaron la retirada de fotos de criminales etarras ya que, según los junteros “además de no tener justificación legal, viola gravemente la libertad de expresión”. Aviados estamos.

 

¿Alguien se imagina hoy las calles de Berlín repletas de fotos de asesinos nazis?”, clamaba Ares, sin que su grito se escuchase en los tribunales. Cuando la justicia no se imparte de forma independiente, sin miedo, y desde una interpretación lógica de la ley, es imposible que se haga justicia. Así que, los criminales seguirán, como matones, señoreando la calle.

 

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  1. rojobilbao opina:

    Claro que los temen, no hay juez en el País Vasco sin escolta. Y el miedo está justificado, si no que se lo pregunten a la viuda del magistrado Lidón asesinado al salir del garaje en presencia de la pobre señora.

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