URIARTE Y JUAN PABLO II

Cuando no se sabe distinguir entre el bien y el mal, cuando se antepone una idea nacional a las propias creencias religiosas, cuando no se respeta la ley, en suma, se pronuncian escandalosas homilías como la que tuvieron que soportar del obispo Uriarte, aunque algunos pocos le escuchasen con arrobo, los asistentes a la ceremonia en honor de la patrona de San Sebastián en el santuario de Aranzazu. Por fortuna, este mitrado ya ha cumplido la edad de jubilación, y los católicos vascos no tendrán que aguatar más soflamas políticas nacionalistas de este obispo equidistante.

 

Uriarte no quiere enterarse. Juan Pablo II, un hombre bueno, perdonó al criminal que pretendió arrebatarle, nada menos, que lo más preciado que tenía: la vida. Pero nunca tuvo la ocurrencia de interferir en la justicia italiana que hizo su trabajo bajo el imperio de la ley. En cambio, el obispo de San Sebastián ha sostenido, solicitando “diálogo” con los criminales etarras, que la “simple aplicación de la ley” no solventará los problemas de la sociedad. Para Uriarte, la consecución de la nación vasca parece que está por encima de todo. En cambio, para Juan Pablo II, un Papa santo, el perdón no era sustitutivo de la justicia sino, en todo caso, su complemento. Una sensible diferencia.

                                                      

En España llevamos decenios con este debate. No me cansaré, pues, de recordar la Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, que de la mano del cardenal Rouco Varela, pulverizó en 2002, con argumentos morales, la equidistancia de algunos sacerdotes vascos con el crimen organizado. “Lo más admirable de Juan Pablo II era su capacidad de discernir”, decía hace unos días Joaquín Navarro-Valls, ex portavoz de la Santa Sede, en estas páginas. Pues sí, es esa capacidad de discernir entre el bien y el mal la que echamos en falta cuando Uriarte se pronuncia sobre terrorismo.

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  1. Paloma opina:

    Yo tampoco puedo olvidar, por la desolación que me produjo, la carta de Uriarte a los fieles de Guipúzcoa, aclarando la Instrucción Pastoral de la CEE, unas semanas después. Fue un escándalo. En ella hace referencia a una carta pastoral de los obispos vascos de Mayo de 2005, que esa sí parece que debemos considerar Magisterio diocesano, y que habla hasta de la oportunidad de aplicar la ley de partidos que ilegalizaría a Batasuna. Terrible.

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