AYER, 11 DE SEPTIEMBRE

Ayer, 11 de septiembre, fue día de muchas conmemoraciones. Se conmemoró, por ejemplo, la cadena de actos terroristas de hace ocho años contra los Estados Unidos, con más de tres mil muertos, que nos dejó conmovidos y sin saber –todavía no lo sabemos- si los atentados fueron el inicio de una nueva era o el final de un mundo que se había acabado de repente.

               

Hace treinta y seis años, otro once de septiembre, también, Pinochet acabó brutalmente en Chile con Salvador Allende y lo convirtió en un icono de la libertad. Allende no era mejor ni más demócrata que Chaves, Morales, Correa o Castro, pero su valeroso y digno final hizo que la historia lo redimiese para siempre.

 

Y en Cataluña, ya es coincidencia, se conmemora la derrota y entrega de Barcelona y lo que se denomina “el final de las libertades catalanas”, libertades que nunca fueron tales, al menos tales y como las entendemos ahora, sino el resultado de una guerra de sucesión en la que Felipe V, nieto del “Rey Sol”, impuso un modelo de Estado, moderno y centralizado, que se materializó, principalmente, en la unidad de la justicia, a través del famoso, denostado y tan desconocido Decreto de Nueva Planta. Con ese decreto se pretendían acotar las injusticias e injerencias políticas de la justicia antigua, una justicia próxima, corruptible e influida por la nobleza. Y, además, se instituyó un cuerpo policial, el de los Mozos de Escuadra, que con su sombrero de copa y las espardenyas simbolizaba que estaba al servicio del orden, tanto para servir al rico y poderoso, como al humilde y menesteroso.

 

Algo tiene esta fecha que no conmemora nada alegre. La historia de Cataluña, la más reciente, y por acabar esta columna con un comentario casero, tampoco es alegre. Es la historia de una frustración que parece que no tiene remedio ni solución. La Constitución pudo ser un elemento integrador, pero pasaron los tiempos de la reconciliación. Hoy, aunque no es imposible, resulta ya difícil enderezar el entuerto. Alea iacta est. 

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  1. Antonio opina:

    Me asombra tanto intelectual del tres al cuarto vendidos al poder de turno. Todos participan de las mismas estupideces sobre las bondades de la partitocracia. Los muy ilusos ignoran, o callan, que las insistentes referencias a las dictaduras como regímenes a condenar no es más que una estrategia “made in EEUU”. Si no existieran dictaduras tendrían que generarlas. ¿Cómo o con qué iban a contrastar las “bondades y libertades” democráticas si no es con las dictaduras? Es como extender este mensaje a las nuevas generaciones: “Dar gracias de no estar viviendo bajo un régimen dictatorial”. Claro, mientras se lanza y se distribuye ese mensaje las clases necio-elitistas mantienen intactas la corrupción, el enriquecimiento, la prevaricación y el engaño masivo a todas las sociedades. La Gran Mentira Internacional la han convertido en el Sistema Político Internacional que debe prevalecer. Ante una gran catástrofe que se avecina, en la Biblia se lee: “Por que son culpables todos los moradores dela Tierra”. ¿Lo cogen?

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