UNA JUSTICIA AMBIGUA

Estuve tentado de titular esta columna del siguiente modo: “Una justicia injusta”. Pero enseguida pensé que un profesional del derecho no debía permitirse el lujo de jugar ambiguamente con las palabras. La justicia es o no es, pero nunca puede ser  injusta pues entonces ya no hay justicia. Si esa injusticia se comete “a sabiendas”, el juez habrá cometido un delito de prevaricación. Y si la injusticia se comete por una equivocada interpretación de la ley, entonces su decisión podrá ser revocada por un tribunal superior.

 

Pero el otro día, un juez de la Audiencia Nacional tomó una decisión –poner en libertad a una terrorista- por una valoración legal que, se dice, podía interpretarse tanto de un modo como de otro. Al poner en libertad bajo fianza a la etarra, se arriesgaba a que esta huyese, como ocurrió a los pocos minutos. Pero la decisión, técnicamente, podía ser correcta. A Correa, el del caso Gürtel, en cambio, no se le otorgó la libertad con fianza pues se considera que puede huir. Claro que esa diferencia de trato se debe a que la chica es una peligrosa terrorista, a la que se le otorgan escrupulosamente todos los derechos, y el otro vinculado al PP, no.

 

Yo no creo que la ley pueda aplicarse de dos modos distintos. Aquí lo que falta es sentido común que, como dice el Código Civil, es el medio más adecuado para interpretar las leyes. No está de más que recordemos que el artículo 3 de este código tan antiguo dice que las normas deben interpretarse según el sentido de sus palabras, en relación con el contexto y la realidad social, atendiendo al espíritu y finalidad para las que fueron dictadas. Y, sobre todo, con equidad. Cuando falta todo eso, cuando un Juez no conoce lo que dice el Código Civil, e interpreta las leyes, ambiguamente, prescindiendo de esos sabios criterios, ocurre que se otorga la libertad a una peligrosa delincuente. Quizás, pues, lo que habría que preguntarse es cómo se seleccionan los jueces para determinados cargos.

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