SE ACABÓ EL VERANO

Aunque todavía hace un calor de muerte, ya ha vuelto Rajoy de sus vacaciones, y se acabó este largo veraneo, tan ayuno de noticias, de periódicos escuálidos. Va a ser un año duro, muy duro, sobre todo porque no parece que tengamos demasiadas ganas de trabajar y mucha gente pretende seguir viviendo del subsidio. Esa es la única razón por la que el gobierno ya ha amenazado con una subida de impuestos, impuestos que no bajarán hasta que vuelvan a gobernar nuevas ideas, más productivas y liberales. Pero mientras tanto, a ver como capea el temporal nuestra amenazada economía de mercado.

 

Ahora, siempre que aparece en los medios comunicativos una personalidad política, sea nacional, autonómica o municipal, siempre es para lo mismo: “Tenemos intención de hacer recortes pero no se preocupen ustedes pues no vamos a recortar los gastos sociales”. ¿Y qué es eso que ahora denominamos gastos sociales? ¿Subvencionar a quienes no quieren trabajar? ¿Ofrecer unos servicios que son casi imposibles de mantener? ¿Dar dinero a instituciones o empresas que lo único que hacen es retroalimentarse políticamente? En fin, habría que precisar más la terminología política. Gastos sociales, en un gran número de casos, no es otra cosa que sinónimo de despilfarro.

 

Cuando España ha ido bien ha sido en esas escasas etapas en las que todos, con un proyecto nacional, estuvimos dispuestos a trabajar duro y a apretarnos el cinturón. Así despegamos en los sesenta, volamos en los ochenta y nos modernizamos en los noventa. Con Ullastres y López-Rodó, Felipe González y Aznar-Rato, respectivamente. Ahora se echa en falta un proyecto nacional en el que podamos estar todos cómodos. De momento, los ministros, salvo raras excepciones como la de Sanidad, a lo que se dedican es a irritar a la oposición. Y la oposición a desviar la atención con temas importantes, aunque secundarios, al menos en comparación con la magnitud de los problemas, como esa historia de las escuchas. “E la nave (no) va”.

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