A CRISTAZO LIMPIO

Hace unos días Juan Bedoya, periodista de la cosa religiosa en “El País”, me preguntó –y publico fielmente- qué opinaba sobre esta nueva “guerra de crucifijos” que parecía que quería abrir el gobierno, como desayuno de la nueva ley de libertad religiosa. Le di mi opinión que resumía con esa joya de Unamuno: “La presencia del Crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento ni aún al de los racionalistas y ateos; y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales”.

 

Me cuesta entender qué se pretende con la retirada de los símbolos cristianos, algo que casi nadie había pedido. La modernidad no comienza con la Revolución francesa. La modernidad, es decir, los principios de igualdad, libertad y caridad o amor o fraternidad, son principios evangélicos que sintetizan la tradición bíblica de la Torá.  Zapatero no han calibrado la importancia del fenómeno religioso. Además, el PP ya ha aprendido a no entrar “al trapo” en materias tan sensibles y, al final, la sensación que da el gobierno es de división en su propio seno. Por otro lado, hay una cuestión de pura lógica: cuando se vive una pérdida o una desgracia, afloran, sin duda, los sentimientos religiosos más profundos del ser humano. En una etapa de recesión económica, de desarraigo familiar y de paro generalizado, la religión, Dios en suma, es lo único que queda para seguir sobreviviendo a muchas familias.

 

Es probable que la situación no sea tan dramática pero quizás Zapatero, que todavía es muy joven, debería preguntar sobre estos temas a sus ministros mayores, Moratinos o Fernández de la Vega, por ejemplo, y con experiencias vitales más complejas. Estoy seguro que le ayudarían a comprender la religión y a no dar pasos en falso. En cualquier caso, ni aún qué quieran, iremos otra vez a cristazo limpio por las calles.

 

 

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  1. Juan Pedro opina:

    La aconfesionalidad es la religión de los agnósticos y los ateos, por lo que tampoco debería poder potenciarse, por la misma regla de 3, en los lugares públicos quitándose los símbolos religiosos que son fruto de la libertad religiosa y de nuestra cultura occidental. Las creencias religiosas de la sociedad española son mayoritariamente cristianas, algo que deben de tener en cuenta los poderes públicos de acuerdo con nuestra Constitución. No somos un estado laico. Además, la ética en nuestra sociedad es básicamente el cristianismo, más algunos aspectos que aportan liberalismo y marxismo por lo que por respeto a nuestras leyes morales, deberíamos mantener los símbolos religiosos. Y a los no católicos no deberían molestarles los crucifijos, por respeto, estos ofenden a quienes tienen un personal resentimiento por lo religioso y un síntoma de irracional cristofobia pública. En democracia no se puede consentir que una minoría imponga sus prejuicios a los demás. La cruz es uno de los valores característicos de nuestra civilización. A mi me ofende, con razón, su retirada.

  2. NachoGG opina:

    Totalmente de acuerdo con ambos.

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