EL CANON DEL NUEVO IMPERIALISTA

Ninguna otra revista como The Economist me produce tanta fascinación y rechazo a la vez. Sus datos económicos de las dos últimas páginas, no son comparables con ninguna otra fuente de información, tanto por su concisión como por su exactitud. Interpretando con rigor esos datos, podemos ahorrarnos la tediosa lectura de páginas y páginas de otros medios de comunicación.

 

Pero lo malo suele ser el resto de sus análisis. Ya se necesita ser esnob en la Gran Bretaña para alardear de republicanos, pero aún peor resulta su defensa sobre la legalización de las drogas -¡ni que los porros corriesen libremente por su redacción!- o la defensa cerrada y acrítica de los denominados nuevos derechos –la eutanasia y el aborto, esencialmente- o el paternalismo con el que analizan los asuntos que conciernen a los países que no tienen una democracia como la de ellos, permitiéndose dar puritanas lecciones sobre corrupción a africanos o asiáticos. Todo lo que no huela a protestante –los católicos y los judíos, por ejemplo- o a anglosajón -los países de la ribera mediterránea o el continente africano entero, sin ir más lejos- somos dignos, a lo sumo, de compasión o de elogioso relato de viajero o de reportero a lo Hemingway (en el frente por la mañana –un poco al resguardo de los tiros- y con la copa de güisqui al caer la tarde).

 

Pero, como les digo, sus páginas son fascinantes por el pintoresquismo que destilan. Sólo he visto otros dos imperialistas que igualen  a The Economist. Uno, procedente del imperio americano, Robert Kaplan, ofrece unos análisis de los países centro asiáticos que suelen estar proverbialmente desinformados, aunque resulta una lectura imprescindible cuando cuenta lo que ve de lo que de verdad conoce: su propio país, los Estados Unidos. Y el otro, ya fallecido, que venía del imperio soviético, Kapuchinski, cuyos relatos africanos, el de Etiopía por ejemplo, aunque bien escritos, son de pluma oenegenaria, aunque nos sobrecoge, en cambio, cuando describe la decadencia del imperio soviético. Han conseguido, eso sí, fabricar el nuevo y buenista canon imperialista.  

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