LA SENTENCIA DEL ESTATUTO CATALÁN

Ahora ya sabemos que la Sentencia del Estatuto queda aplazada para el mes de septiembre. No conozco, aunque algo se ha filtrado, los detalles del encaje de bolillos que el Tribunal va a tejer para que no se rompa el edificio constitucional. Y todo porque los dos grandes partidos, como les piden la inmensa mayoría de sus votantes, no son capaces de ponerse de acuerdo en las líneas maestras de un nuevo pacto constitucional que quite el poder decisivo que ahora tienen los minúsculos partidos nacionalistas, radicales o moderados, que pretenden, en cualquier caso, la disolución de España.

 

España no es un bien supremo. En este tiempo lo de “dulce et decorum est pro patria mori” ya no resulta masticable para una gran mayoría de ciudadanos. La Nación, como en los Estados Unidos, constituye hoy una comunidad de intereses que están dispuestos a defender, incluso con la vida, un conjunto de ciudadanos que ni siquiera nacieron en el territorio. Pero España sí es, como escribió Sánchez Albornoz, una realidad histórica insoslayable. Que a estas alturas de nuestro nivel económico, e inmersos en un complejo proceso de unión política europea, estemos todavía preguntándonos y discutiendo cuestiones tan básicas, me parece  sintomático y decadente. Creía que era Cataluña sólo la que se estaba “argentinizando”. Pero no: es toda España y los españoles quienes nos estamos contagiando de esa grave enfermedad política porteña debida, sin duda, a un exceso de psicoanálisis y de autocompasión.

 

El nacionalismo es un planteamiento político perverso e incompatible con la Constitución. Lo malo del asunto es que los socialistas catalanes han caído en esa red; y los populares en Cataluña no son nada. Si un día el PP se decidiese a tener un mensaje propio, moderno, catalán y constitucional, en tres años serían alternativa de gobierno. ¿O no ha llegado, acaso, un cordobés a la presidencia de la Generalidad?

 

 

 

 

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  1. Javier Hernández opina:

    El problema básicamente radica que España, sea por la razón que sea, no es una marca que venda. La educación y los medios de comunicación es el todo. Desde el momento en que las comunidades llamadadas históricas (cosa que no acabo de entender) tuvieron competencias a nivel de educación se acabó el concepto de nación española. Lo triste es que nosotros mismos hemos permitido que esto ocurra pues una cosa es la ambición, el poder y los intereses de partido y otra muy diferente la segregación o el independentismo que de una manera u otra representa el señor Montilla.

    Soy de CataluÑa, catalán y español aunque en esta comunidad cada vez es más complicado sentirse español.

    Existen numerosos ejemplos pero los mas significativos son el echo de que en CataluÑa si no eres nacionalista ni de derechas, no tienes a quien te represente; o esos padres castellano parlantes (mayoria) que se esfuerzan en hablar a sus hijos en catalán renunciando a su propia lengua.

    En definitiva, es culpa nuestra.

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