ROUCO Y EL TERRORISMO

A veces nos quejamos de la calculada ambigüedad de algunos obispos, principalmente vascos, y alguno catalán, que atacados de la enfermedad nacionalista padecen la fea costumbre de convertir a las víctimas en victimarios; y a comparar a los criminales, y a sus irredentas familias, con el sufrimiento de aquellas. Encerrados en sus sacristías se han creído, probablemente de buena fe, que eso de visitar a enfermos y presos, consiste, también, en abrazarse amorosamente con estos enrejados.

                  

Pero la Iglesia española, la de la Conferencia Episcopal, que no es de esta o aquella región, sino que representa la catolicidad de España, ha sido inequívoca y contundente en su condena, siempre, del terrorismo. Tan inflexible con esa perversa forma de matar como lo fue Juan Pablo II y lo es, en estos tiempos, Benedicto XVI. En su Instrucción pastoral sobre el terrorismo, que se aprobó en la LXXIX Asamblea plenaria celebrada en noviembre de 2002 condenó, una vez más, el terrorismo, como lo venía haciendo desde los últimos treinta años, y afirmo de manera tajante, ante las tentaciones dialogantes que preconizaban los nacionalistas, que “una sociedad que quiere ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante legítimo de ningún sector de población, ni puede tenerla como interlocutor político”. La Iglesia española, presidida por nuestro cardenal  y arzobispo Rouco Varela, podía haber hablado más alto pero no más claro.

 

Eugenio Romero Pose, que falleció prematuramente, obispo auxiliar de Madrid y mano derecha del cardenal Rouco fue uno de los autores intelectuales –y materiales- de esa Instrucción que también encontró alguna resistencia episcopal periférica. La BAC, además, publicó un libro en 2005, imprescindible, que escoció al grupito de obispos nacionalistas, en el que se hacía una valoración moral del terrorismo y del nacionalismo, inseparables ambos. Juan Pablo II perdonó a Ali Agca pero no interfirió en la justicia italiana.

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