EL TREN DE LA MEMORIA JUDÍA

En España falta por hacer, todavía, una investigación amplia sobre la protección o la indiferencia del gobierno franquista, entre los años 1939 y 1945, hacia los judíos.  Hay estudios parciales, recopilaciones memorísticas de enorme interés, como los testimonios editados por Jacobo Israel Garzón, pero aún queda mucha oscuridad sobre esos años. En estas jornadas sobre la comunicación de la Shoah –el Holocausto- entre los católicos, y cómo lo han hecho en Francia, ha salido este tema sobre el que no podemos llegar, de momento, a conclusiones definitivas. ¿El gobierno español durante esos años se desentendió de los judíos? ¿Los primeros gobiernos de Franco tuvieron, en cambio, una participación activa en proteger a los judíos?

 

Podemos intuir alguna respuesta provisional pero habrá que investigar mucho para poder llegar a respuestas definitivas. Contamos con la ventaja de que aún existe memoria viva que recuerda lo que pasó. Así, por ejemplo, uno de los asistentes a estas reuniones parisinas sobre el Holocausto y los católicos, Alain de Toledo, nos explicó como sus padres se salvaron gracias a la nacionalidad española que les concedió Primo de Rivera en 1924 y, sobre todo, gracias al valor y la eficacia del cónsul español en París Bernardo Rolland. También hay testimonios desoladores, como esa devolución a Francia de un convoy porque faltaba un sello en los pasaportes, acabando familias enteras en un campo de exterminio. No debe olvidarse que el régimen franquista fue aliado de la Alemania nazi y que España no fue “neutral” como Suiza, por ejemplo, aunque la astucia gallega de Franco mantuviese a España en una calculada ambigüedad. Es cierto que, como se ha demostrado recientemente, el franquismo no tuvo, pudiéndolo haber hecho, participación activa en la protección de los judíos, aunque tampoco pueda negarse que la organización americana “Joint”, dedicada a su salvamento, operaba en Barcelona, lo que intuyo se debió, y no tengo todavía las pruebas para demostrarlo, a la participación de Miguel Matéu Plá, alcalde de la ciudad, que era amigo y socio del ex primer ministro de la República francesa, León Blum, que era judío.

 

Me ha gustado la conclusión del profesor Javier Vallina: la Shoah debe seguir presente en la memoria viva, en España muy especialmente, y debería ser un hecho que trascienda a la historia. José María Conteras, director general de las relaciones con las Confesiones, ha cerrado el seminario resaltando el papel de la dignidad del hombre. Palabras llenas de contenidos reales, como les he contado a lo largo de estos tres intensos días.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En España falta por hacer, todavía, una investigación amplia sobre la protección o la indiferencia del gobierno franquista, entre los años 1939 y 1945, hacia los judíos.  Hay estudios parciales, recopilaciones memorísticas de enorme interés, como los testimonios editados por Jacobo Israel Garzón, pero aún queda mucha oscuridad sobre esos años. En estas jornadas sobre la comunicación de la Shoah –el Holocausto- entre los católicos, y cómo lo han hecho en Francia, ha salido este tema sobre el que no podemos llegar, de momento, a conclusiones definitivas. ¿El gobierno español durante esos años se desentendió de los judíos? ¿Los primeros gobiernos de Franco tuvieron, en cambio, una participación activa en proteger a los judíos?

 

Podemos intuir alguna respuesta provisional pero habrá que investigar mucho para poder llegar a respuestas definitivas. Contamos con la ventaja de que aún existe memoria viva que recuerda lo que pasó. Así, por ejemplo, uno de los asistentes a estas reuniones parisinas sobre el Holocausto y los católicos, Alain de Toledo, nos explicó como sus padres se salvaron gracias a la nacionalidad española que les concedió Primo de Rivera en 1924 y, sobre todo, gracias al valor y la eficacia del cónsul español en París Bernardo Rolland. También hay testimonios desoladores, como esa devolución a Francia de un convoy porque faltaba un sello en los pasaportes, acabando familias enteras en un campo de exterminio. No debe olvidarse que el régimen franquista fue aliado de la Alemania nazi y que España no fue “neutral” como Suiza, por ejemplo, aunque la astucia gallega de Franco mantuviese a España en una calculada ambigüedad. Es cierto que, como se ha demostrado recientemente, el franquismo no tuvo, pudiéndolo haber hecho, participación activa en la protección de los judíos, aunque tampoco pueda negarse que la organización americana “Joint”, dedicada a su salvamento, operaba en Barcelona, lo que intuyo se debió, y no tengo todavía las pruebas para demostrarlo, a la participación de Miguel Matéu Plá, alcalde de la ciudad, que era amigo y socio del ex primer ministro de la República francesa, León Blum, que era judío.

 

Me ha gustado la conclusión del profesor Javier Vallina: la Shoah debe seguir presente en la memoria viva, en España muy especialmente, y debería ser un hecho que trascienda a la historia. José María Conteras, director general de las relaciones con las Confesiones, ha cerrado el seminario resaltando el papel de la dignidad del hombre. Palabras llenas de contenidos reales, como les he contado a lo largo de estos tres intensos días.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  1. lolo_2009 opina:

    ¿Conoce usted el artículo que Pedro Schwartz publicara en la Vanguardia el 4-5-1999?. ‘Franco y los judios’ creo es el nombre. Extraigo esto de él: “Siempre me ha sorprendido la ayuda que Franco prestó a los judios perseguidos por el nazismo”. ¿Y es cierto que el rabino de N.York hizo ofrenda en la Sinagoga por el alma de Franco dos dias después de su muerte por su ayuda a los judios durante la guerra?

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