CÓMO NEGOCIAR CON ETA

El nuevo asesinato de ayer ha escenificado, una vez más, la repugnancia de la sociedad española hacia los amigos de Alfonso Sastre, ese escritor que se presentó en una lista, legitimada por el Tribunal Constitucional, cuyo objetivo era dar cobijo democrático en Europa a los asesinos de ETA. Efectivamente, la agenda de éste tribunal no es política aunque desconozcamos, entonces, su verdadera naturaleza. Al menos ahora no gobiernan en el País Vasco los nacionalistas equidistantes que llamaban “violentos”, en el mejor de los casos, a los terroristas; y “consecuencias indeseadas del conflicto”, los brutales atentados que desde hace treinta años se vienen cometiendo.

 

Cuando se muestra el menor signo de debilidad, un deseo, siquiera, por parte de los responsables políticos, de acabar con el conflicto aunque para ello se deba ceder “algo”, ETA, siempre, desde los tiempos de Suárez hasta los de hoy con Zapatero, pasando por los largos periodos de gobierno de González y de Aznar, ha puesto algún cadáver encima de la mesa “negociadora”. ¿Lo ocurrido ayer es uno de los últimos estertores de una banda acorralada que no sabe ya hacia dónde dirigirse y que, además, está dividida? Es probable, aunque eso dependerá de la firmeza del gobierno en cerrar cualquier tipo de puerta a la viabilidad de un final negociado. Sólo la entrega de armas y la rendición total debe aceptarse como principio del fin.

 

Hoy, el escenario político en el País Vasco no tiene nada que ver del que había hace unos meses con Ibarretxe al frente de un gobierno nacionalista que, aunque no justificaba, “comprendía” el “conflicto armado”. El presidente del gobierno Vasco es socialista y la presidenta del parlamento es del Partido Popular. Una familia ha sido destrozada y un servidor del Estado ha sido asesinado. Gracias a estos sacrificios, es terrible reconocerlo, la sociedad vasca comienza a salir de la degradación moral que tolera, todavía, la existencia de ETA.   

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