POR QUÉ GANARON LOS POPULARES

Ahora, los sociólogos oficiales del PP se inventarán teorías complejas de algo tan sencillo que casi sonroja escribirlo. Poco importa quién haya salido al balcón de la calle Génova la noche del triunfo del 7 de junio, el indiscutible triunfador fue Jaime Mayor Oreja, que se mostró, a lo largo de toda la campaña, tal y como es en la realidad: tranquilo, sensato, buena persona, agudo e intuitivo y con dos adminículos en la cabeza –sus orejas- que le sirven, no sólo de apellido sino, también, para lo que fueron diseñadas por el Creador: para oír y escuchar.

Jaime Mayor no cayó en la trampa de la campaña sucia y judicializada que es donde planteó el PSOE el debate político. Por el contrario, opuso medidas para luchar contra el paro y frenar una crisis económica para la que el gobierno de Zapatero no tiene solución fiable alguna. Frente a los nuevos experimentos y cambios de “modelo económico”, con la experta ayuda de Aznar y Rato, propuso medidas de sensatez y sentido común. Mayor, además, se mostró ante todo el mundo como lo que es: un católico comprometido y practicante, que defiende la vida con dignidad desde el mismísimo instante de su creación hasta la muerte, que no pretende imponer sus creencias aunque no tiene miedo en proponerlas, y que demostró firmeza en la lucha contra el terrorismo y solidaridad y compasión sin límites hacia las víctimas cuando fue ministro sin mirar el color político de sus adversarios.

Esta rara especie política es la que ganó las elecciones el 7 de junio. Ahora, Mariano Rajoy, que cuenta con el apoyo general del partido, incluso el de aquellos a quienes les habría gustado verle caído e hicieron mutis por el foro en estas elecciones, tiene un claro modelo político a seguir: Mariano, se tu mismo, con tu puro, tus bicicletas, tu familia y tus convicciones más profundas. Y tu indiscutible sentido común. Como hagas caso al travestido sociologismo de los de siempre, iras aviado.

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