LA FRIVOLIDAD DE LA VICEPRESIDENTA ECONÓMICA

En épocas de bonanza casi todo se permite, incluso a los políticos, pero que en los angustiosos tiempos en los que estamos viviendo, la responsable de la política económica salga en un dominical haciendo poses, con zapatitos rojos y diciendo que lo que hablan en sus tertulias es “de trapos y de tíos”, todo dicho con esa voz de pija aparte e imagen restaurada, resulta deplorable, por no decir insultante. Así no se levantan los ánimos de un país, a lo sumo se alimenta el complaciente narcisismo de quien lo practica.

Estos que nos gobiernan, en el fondo, son ultraliberales, antisolidarios y aprendices de ricos. Recuerdo, cuando todavía gobernaba España el socialdemócrata Felipe González, un debate en un curso de verano de El Escorial al que fui invitado y en el que participaban dos amiguetes de Elena Salgado: Miguel Ángel Fernández Ordóñez, hoy flamante gobernador del Banco de España, también conocido por MAFO, y el entonces inevitable Juan Pedro Hernández Moltó –“míreme a los ojos, señor Conde!”- cuya gestión en la Caja de Castilla-La Mancha ha conducido a la entidad de ahorro a la debacle. No salía de mi asombro cuando defendieron un programa económico que parecía calcado de los de la Tatcher o Regan; y yo no hacía más que referirme a Keyness o a Schumpeter. Me acuerdo que dije, con cierta sorna, que habíamos cambiado los papeles y que había algo que no funcionaba bien en nuestros respectivos planteamientos.

Los conservadores somos un poco serios. Quizás demasiado, aunque no es malo ser serio cuando la tormenta se cierne sobre nuestras cabezas. Al menos sabemos guardar las formas, que no es poco. En una democracia las formas son el cincuenta por ciento de la eficacia del sistema. Y en estos duros tiempos que atravesamos necesitamos seriedad y convicción, no una neo progre pasando modelitos, auto complacida por haber llegado a vicepresidenta a los sesenta años. ¡Felicidades!

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