EL CARDENAL ROUCO VARELA

Hace cincuenta años fue la ordenación sacerdotal  de nuestro cardenal-arzobispo de Madrid, un gallego universal a quien sus compatriotas acaban de homenajear por este motivo. Como Fraga, salido del pueblo, nació en Villalva, pero trascendiendo el localismo de la tierra fue subiendo, peldaño a peldaño, hasta ser designado cardenal por el papa Juan Pablo II. Me cuentan, que cuando marchó a estudiar teología a Alemania, su familia se quedó muy preocupada por las ideas heterodoxas que podían influir en el joven Rouco. Paradójicamente, todos aquellos sacerdotes y teólogos formados en el centro de Europa y, como Ratzinger, con un profundo conocimiento de los textos bíblicos antiguos, perseveraron en la fe durante la convulsa época en la que la Iglesia era zarandeada por cualquier viento de doctrina. En cambio, muchos de los que siguieron sus estudios en la tradicional y católica España o dejaron los hábitos o cambiaron la fe por la ideología.

El cardenal Rouco es, esencialmente, un hombre de fe. Y, además, es un importante jurista y teólogo que ha hecho del diálogo la divisa de su episcopado. Fue él quien con un abrazo acabó con el enconado conflicto de la parroquia de San Carlos Borromeo, y gracias a su impulso la Iglesia le debe el vigor que hoy tiene el catolicismo en Madrid. Ha impulsado el diálogo con otras religiones, recuerdo el memorable día que visitó la sinagoga madrileña, y quizás por esa razón, su espíritu abierto y una formación culta y rigurosa, suele ser atacado por aquellos a quienes les gustaría que la religión desapareciera de la faz de la tierra.

Europa está sumida no sólo en una crisis económica y moral sino también de identidad. El laicismo puede suponer la disolución de nuestras tradiciones en un nuevo paradigma en el que no nos encontremos. La religión, como la predica Rouco, es el contrapeso que modera el exceso de poder del César.

compartir delicious digg frequi google meneame technorati

Deje un comentario