UN CRIMINAL ANDA SUELTO

Algo se mueve en España y la democracia parece que a empieza a caminar sin miedos ni complejos. Que la voluntad de los dos grandes partidos estuviese secuestrada por unas minorías de nacionalistas e izquierdistas radicales resultaba sorprendente, pero que las reglas, en algunos lugares del territorio, las marcasen los grupos marginales y terroristas, era una de esas aberraciones del sistema que se llevaban arrastrando sin vergüenza desde hacía decenios. Se homenajeaba a criminales en el País Vasco, se les otorgaba el nombre de algunas plazas y calles en Cataluña. Y, lo que es peor, se les llegó a distinguir con la Cruz de San Jorge o se le dio, como ocurrió con Alfonso Sastre, el Premio Nacional de Teatro de 1993.

Sastre, junto a su mujer Eva Forest, fueron responsables, entre otros, de la masacre de la calle del Correo de Madrid en 1974, atentado perpetrado por ETA. Este criminal, un magnífico escritor y autor teatral, pretendía ahora, burlando la ley, encabezar una encubierta candidatura de ETA que bajo el nombre de Iniciativa Internacionalista iba a presentarse a las elecciones del Parlamento Europeo. Pero desde hace un tiempo, concretamente desde que Aznar decidió combatir esta perversión institucional y desde que Zapatero prosigue de un tiempo a esta parte la misma política, prevalece la ley sobre determinadas voluntades minoritarias. El Tribunal Supremo acaba de anular la candidatura encabezada por Sastre por razones  evidentes de similitud con ETA, en el  País Vasco ya no se podrá seguir actuando con impunidad y los criminales dejarán de ser los dueños de los pueblos con fondos públicos.

Sólo cuando la ley se aplica sin fisuras, si el gobierno impulsa políticas policiales claras, los tribunales pueden desarrollar tranquilamente su trabajo. Un criminal puede, como Sastre, andar suelto por ahí, pero lo que ya nadie traga, afortunadamente, es que, encima, pretenda interpretar las reglas de la democracia y darnos lecciones de ética y de moral.

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