EL TRASERO DE EUGENIA SILVA Y LA JURISPRUDENCIA

Primero, la progre modelo Eugenia Silva, que dice que es de izquierdas, se deja fotografiar en pelota picada desde varios ángulos para la portada de la revista Vanity Fair, que ha hecho su agosto pues nada más salir, y ante la posibilidad judicial de que pudiese ser retirada del mercado, ya estábamos todos en el quiosco comprándola, no fuésemos a quedarnos sin ella. La chica ahora se queja porque la revista le ha sacado el culo, redondO y eficaz, en primer plano. Dice que los demandará al amparo de la ley de protección del honor y de la propia imagen. Pero la revista no se amilana y contraataca esgrimiendo el contrato. Mientras, se venden más ejemplares de los previstos. Buena estrategia de marketing que, muy probablemente, estuviese diseñada de antemano.

Hace unos años asistí a una sabrosa discusión que zanjó Cela con autoridad. La controversia consistía en dilucidar si se decía “en pelota” o en pelotas”, cuando alguien salía o quedaba desnudo. Se pueden utilizar ambas modalidades como queda bien expuesto en el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco. A mi me gusta el plural cuando el desnudo es masculino y el singular, añadiendo la palabra “picada” o “viva” si se trata de desnudo femenino. Pues eso: Eugenia Silva se quedó en Vanity Fair en pelota viva y ahora, si nos tenemos que creer lo que dice, se avergüenza de ello. De asuntos de esta guisa ya se ha ocupado desde hace años la jurisprudencia. He escrito sobre estas cuestiones varias veces en el diario ABC y en este blog. En mi reciente libro “La cocina de la justicia” (se puede comprar por internet: www.libros24h.com) comento el caso de Ana Obregón. En 1985, la entonces jovencísima Ana fue retratada semidesnuda en un estudio fotográfico en tres sesiones consecutivas. El contrato firmado por la actriz concedía el derecho al fotógrafo a distribuir esas fotos por todo el mundo, mientras el contrato no fuese denunciado y, a recibir cambio, como es lógico, de una cantidad de dinero producto de la venta de la imagen del cuerpo de la Obregón. Estas fotos se publicaron en la revista Interviú y, luego, tras el éxito obtenido, en la revista Play Boy. Ana demandó al fotógrafo porque decía que no había autorizado a que sus fotos salieran en Play Boy. El Tribunal Supremo, por Sentencia de la Sala Primera del año 1990 y ponencia del entonces magistrado Gumersindo Burgos Pérez de Andrade, le dio un buen varapalo a la presentadora pues ésta había revocado la autorización cuando las fotos ya habían sido distribuidas. La Sentencia también dice algo que todos aquellos que comercian con la imagen de su cuerpo deberían tener en cuenta: La tutela efectiva del honor, la intimidad y la propia imagen viene limitada por ciertos condicionamientos como es el propio concepto que cada persona tiene respecto a sus propias pautas de comportamiento. Y las pautas de comportamiento de la Silva, que dice que siempre desfila por la izquierda, son, desde luego, muy liberales.

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