DE CÓMO UN VIOLADOR ANDA SUELTO

A veces nos preguntamos qué hacen los tribunales para que sujetos como éste al que me voy a referir anden por ahí sueltos. Los hechos son los siguientes. Un padre abusa sexualmente de su hija, cuya madre había muerto, desde sus tres años hasta los nueve. A partir de entonces los abusos se convierten en penetraciones sexuales completas hasta que la niña, a partir de los 14 años, se resiste y evita esa conducta brutal del padre. La joven denunció los hechos cuando tenía 21 años, pero en el acto del juicio no quiso declarar contra su progenitor y violador, acogiéndose a su derecho amparado por el artículo 416 de la LECrim. Aún así, basándose en las declaraciones sumariales, unidas a las de otros testigos que sí declararon en el juicio y a las pruebas periciales, el padre fue condenado justamente por un delito de violación a la pena de 12 años. Con muy buen criterio, la Sala de la Audiencia Provincial de Madrid consideró irrelevante que la chica hubiese declarado en el acto del juicio, pues estaría sometida a terribles presiones.

Interpuso Recurso de Casación ante el Tribunal Supremo, la Sala compuesta por los magistrados Adolfo Prego de Oliver, Perfecto Andrés Ibáñez, José Manuel Maza, Manuel Marchena y Joaquín Delgado, anuló la Sentencia condenatoria y dictó otra absolutoria porque, en otro ataque de hipergarantismo muy propio de esta Sala, consideró que no era aplicable el artículo 714 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ni el 707 ni el 730, que hubiesen permitido la incorporación de las declaraciones sumariales, como lo consideró la Sala de la Audiencia Provincial, y apoyó el Ministerio Fiscal, que incriminaban al violador. Los magistrados opinaron que la chica, aunque fuese mayor de edad, ya habría pasado lo suyo como para, encima, en el acto del juicio, tener que declarar contra su padre.

Pero los de la Sala 2ª del Tribunal Supremo, que son unos magistrados muy estudiosos pero a los que les falta humanidad y sentido común, deciden ofrecernos unas cuantas píldoras de lecciones de derecho en la Sentencia de marras, que es igual a otras anteriores, y que en esta ocasión su redacción ha corrido a cargo de Prego de Oliver. (El interesado en leerla completa la puede encontrar en internet, Tribunal Supremo, S. nº 129/2009 del pasado 10 de febrero). Veamos cuales son los sesudos razonamientos:

“Estos hechos declarados probados se sustentan por la Audiencia fundamentalmente en las declaraciones sumariales de la víctima, introducidas en el juicio a petición del Fiscal, después de que la denunciante, que acudió al Juicio Oral, ejerciera en el acto de la vista su derecho a no declarar, reconocido en el art.416 de la LECr. Considera la Audiencia que la incorporación al Plenario de sus declaraciones sumariales se apoya en el art. 714 de la LECr. Y hace una muy extensa valoración de esas declaraciones sumariales sometiéndolas a los criterios de ponderación que esta Sala ha declarado como de observancia necesaria para una razonable valoración del testimonio de las víctimas. Igualmente considera los informes periciales en cuanto corroboran a su juicio lo manifestado por la denunciante en el sumario, y los testimonios de referencia de las personas a quienes la víctima narró lo que decía haberle sucedido. Todo ello es objeto de una valoración extensa, muy cuidada y bien estructurada”.

Hasta aquí parecía que todo iba bien, pero…, a partir de este momento, comienza el Tribunal Supremo su particular interpretación que permite absoluciones escandalosas como esta, por lo que no dudo en calificar de ataques de hipergarantismo este tipo de decisiones jurisprudenciales. Dice el Tribunal Supremo, empalmando con el párrafo anterior:

“…que sin embargo adolece de un defecto fundamental: referirse a unas declaraciones sumariales que no pueden considerarse prueba de cargo, por las razones que seguidamente se dirán. La denunciante después de denunciar a su padre y declarar en fase sumarial narrando las relaciones sexuales a que la sometió durante años, acudió al Juicio Oral para allí, a presencia del Tribunal que había de juzgar los
hechos imputados, declarar como testigo, bajo los principios de inmediación, contradicción y publicidad, ejercitando además la acusación particular. En el acto de la vista el Letrado de la acusación particular, al comenzar la sesión, expresó que en ese momento se retiraba la acusación, y abandonó los estrados. Se inició el acto del Juicio, con declaración del acusado que negó los hechos. Compareció la denunciante como testigo propuesto por las partes, y tras afirmar que el acusado era su padre, fue informada por el Presidente de la sala de su derecho a no declarar contra él. La testigo entonces manifestó: “que no quiere declarar para nadie. Dice que lo hace libremente”. Y abandonó la Sala: tras las pruebas testificales y periciales se dió lectura a la declaración sumarial prestada por la denunciante, como prueba documental”.

Entonces el Tribunal Supremo deslegitima todo el trabajo meticuloso –como ha reconocido amablemente en la Sentencia- y concluye:

“No ha existido en este caso prueba de cargo que desvirtúe la presunción de inocencia. En reciente Sentencia de esta Sala de 27 de enero de 2009, hemos señalado las razones que impiden valorar, en supuestos como éste, la declaración sumarial”, como es “la libre decisión de la testigo en el acto del Juicio Oral que optó por abstenerse de declarar contra el acusado, de acuerdo con el art. 707 de la LECr, en relación con el art. 416 de la LECr, es el ejercicio de una dispensa legalmente atribuida, incompatible con la neutralización de su efecto mediante la valoración de la declaración sumarial”. Y concluyen para cargarse la condena en que, “tampoco está legitimada en este caso la incorporación de la declaración testifical prestada en Sumario, a la actividad probatoria del Juicio Oral, por la vía del art. 730 de la LECr. que permite se lean a instancia de cualquiera de las partes las diligencias practicadas en el sumario que, por causas independientes de la voluntad de aquéllas, no pueden ser reproducidas en el Juicio Oral. Este precepto que otorga eficacia probatoria a una diligencia sumarial excepcionando el principio elemental de que la práctica de la prueba debe hacerse en el Juicio Oral, con plena observancia de los principios de inmediación, contradicción y publicidad, no debe interpretarse extensivamente más allá de lo que exige su propia condición de excepción. Su presupuesto de aplicación es la irreproductibilidad en el Juicio Oral de la diligencia de que se trate, ya sea por razones congénitas –como por ejemplo una inspección ocular practicada durante el sumario- o sea por causas sobrevenidas de imposibilidad de práctica en el Juicio Oral. En este segundo supuesto que incluye los casos de testigos desaparecidos o fallecidos, o imposibilitados sobrevenidamente, es necesario que resulte imposible materialmente la reproducción de la declaración testifical. Llamar a esto “imposibilidad jurídica” para justificar la aplicación del art. 730 es un recurso semántico que desvirtúa el precepto, se aparta de su fundamento, desnaturaliza su condición de excepción, y choca contra el legítimo ejercicio de la dispensa de declarar contra un pariente porque se opone al resultado que con ese ejercicio se pretende”.

El Tribunal Supremo considera erróneamente que esta chica es libre cuando acude al Juicio y dice que no quiere declarar contra su padre. ¿Acaso no debieron apreciar que esa era una circunstancia sobrevenida del artículo 730, que justificaba más que de sobra la incorporación al juicio oral de la declaración sumarial? Pues no, no lo consideraron así y ese violador hoy se estará riendo de la justicia, del daño que hizo durante más de quince años a su hija, y de la vida en general. Al quitarle valor a esa declaración sumarial, por no haberla ratificado la joven en el Juicio Oral, hace que el Tribunal desmonte las afirmaciones de los testigos de referencia y de la prueba pericial, por lo que nos ahorramos de seguir comentándolas.

Este tipo de jurisprudencia es la que lleva a los ciudadanos a desconfiar de la justicia. Resulta incomprensible y merecería un buen debate. De este modo muchos delincuentes andan sueltos.

compartir delicious digg frequi google meneame technorati

Por favor deje un comentario

  1. Juan Pedro opina:

    Con procederes como estos, también se debe conseguir, algunas veces, que inocentes no sean condenados, asunto delicado este de los mecanismos de la justicia y sus entramados.

Deje un comentario