TODA LA VERDAD SOBRE EL 23-F

¿Está España madura para conocer la verdad?, se preguntaba Cercas en la presentación de su libro sobre el golpe de Estado del año 1981. Le contesto: España, desde luego que sí, aunque algunos quieran inventársela. Lo que ocurrió esos días o, mejor dicho, esos meses, se conoce hasta sus más mínimos detalles y está al alcance de todo aquel que investigue lo que sucedió, al margen de que le caiga más simpático Alfonso, Juan Carlos, Sabino o Adolfo. Eso ya no es historia, eso es opinión. La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. Y la verdad es que Cercas no ha descubierto la pólvora aunque sí ha hecho una obrita meritoria, nada que ver con lo de los soldados de Salamina. En aquella brilló el ingenio y el marketing editorial. En esta sólo lo segundo.

Me sorprende que se pase por alto sobre uno de los personajes que más influyó en deshacer el nudo que había tejido Alfonso Armada y que yo lo apunté en la Tercera que publiqué el pasado 23 de febrero cuando traté lo acaecido en esa efeméride: se trata de Francisco Laína, que presidió esa Comisión de Subsecretarios que hizo de Gobierno de la Nación en ausencia del constitucionalmente legitimado por estar secuestrado en el Congreso. Si, señor, esta es la única pieza del puzle que nos falta por conocer: las cintas, las famosas cintas que se grabaron esa noche, entre otras algunas sabrosas conversaciones de Armada en distintas situaciones y que hicieron llorar al Rey cuando las escuchó al cabo de unos días cuando se reunió, creo, con la Junta de Jefes de Estado Mayor, son el único documento que nos darían nueva luz sobre lo acontecido. Todo lo demás, sobre todo esas feroces críticas contra Suárez desde el Rey abajo todos, no supone ninguna novedad para el esclarecimiento de la historia. La dignidad de Adolfo Suárez, impertérrito ante la amenaza, salvó la dignidad de la incipiente e inestable democracia.

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