BENEDICTO XVI ME HA VUELTO A CONMOVER

Creía que no volvería a sentir esa sensación que me invadió cuando escuché, a pocos metros de él, la homilía del cardenal Ratzinger en la misa de inicio del Cónclave. Parecía como si el Espíritu Santo -¡Veni Sancte Spiritus!- estuviese ya ahí presente. Aquel día removió muchas conciencias cuando se refirió a las modas del pensamiento que imponen la dictadura del relativismo. Le comenté a Paco Serrano –que ahora es el decano de ciencias de la información del CEU- que había tenido la sensación de haber oído la palabra del nuevo sucesor de Pedro. No dudé en escribirlo en este periódico y acerté.

El otro día me encontré con un correo de Fernando Fernández, director de AEDOS (Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia), con la carta de Benedicto XVI explicando la remisión de la excomunión de cuatro obispos lefebvrianos. “Es un documento muy significativo de la extraordinaria personalidad de nuestro actual Papa”, me decía. Era de noche y estaba cansado. Pero, guiado por la curiosidad, comencé a leerlo. Había visto muchas noticias en los diarios de forma eléctrica, rápida, sin profundizar demasiado. Y, de repente, a medida que iba leyendo la carta, me fui quedando clavado en la silla y tuve la misma sensación que aquella solemne mañana en la basílica de Pedro.

Es un texto lleno de inteligencia y de humildad donde da gracias a los amigos judíos que le ayudaron a deshacer rápidamente el malentendido y a restablecer la atmósfera de amistad y confianza como en el tiempo del papa Juan Pablo II; y advierte que quien quiera ser obediente al Concilio, también debe aceptar la fe profesada en el curso de los siglos y no le es lícito cortar con las raíces de las que el árbol vive. No dejen de leerla. Les sorprenderá.

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  1. Alejandro opina:

    Me ha gustado mucho lo de la “dictadura del relativismo” me ha hecho pensar y ciertamente es la expresión adecuada para definir las modas de pensamientos que nos rodean, gracias por sus comentarios señor Trias, siempre interesantes, siempre buscando la verdad.

  2. Fulgencio opina:

    Yo no soy relativista en el sentido de que creo en que hay una verdad. Difiero de ti, Alejandro, porque una cosa es no aceptar el relativismo y otra distinta creerse lo primero que nos venga en gana sin más motivo que un respetable sentimiento religioso. Sentimiento en el que, por cierto, difieren en su concrección entre los mismos que dicen tenerlo. A modo de ejemplo, también es relativismo que la mayoría de los católicos no hagan caso a Cristo, en boca de su enviado Ratzinger, a la concepción de la sexualidad. Pregúntese a los católicos cuántos de ellos afirman a pies juntillas que la sexualidad sin procreación es pecado y que además el sexo, incluso dentro del matrimonio y buscando la descendencia, es pecado si uno se centra en el goce. (Al menos así se ha enseñado durante muchísimos años). Relativismo es también ir cambiando la interpretación de la Biblia con el paso de los siglos.
    Claro que si uno afirma que su opinión es dictada directamente por Dios, entonces no hay nada de qué discutir.

  3. Alejandro opina:

    Fulgencio, yo sí soy relativista, yo creo que cada uno tiene su razón. La mía es Dios. Mi verdad es Dios. ¿cual es tu verdad?

  4. Fulgencio (Murcia) opina:

    Es una pena que no haya sido publicado mi mensaje anterior, en fin

  5. JTrias opina:

    Fulgencio: creo que sí está publicado

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