TOMÁS MORO, UN POLÍTICO PARA SIEMPRE

Recuerdo aquella película de Zinnemann de cuando yo era estudiante, ¨A man for all seasons¨, traducida como ¨Un hombre para la eternidad¨, que recreaba la vida y tragedia de Tomás Moro, el canciller que se negó a aceptar los caprichos sexuales de Enrique VIII y la ruptura con la Iglesia de Roma. Moro era un político hábil pero con principios y en el momento crucial de su vida, cuando tuvo que optar entre la política o los principios, no lo dudó, optó por los principios y fue decapitado.

La editorial ¨Encuentro¨ ha tenido un nuevo acierto al publicar las pinceladas que Louys Bouyer, cofundador de la influyente revista católica ¨Communio¨, hizo sobre Moro. ¨Moro es ante todo el modelo, no de un humanismo cualquiera, más o menos bien cristianizado, sino de un cristianismo que quiso ser y fue plena y totalmente humano¨. Ese cristianismo que se predica sin estridencias y con el ejemplo desde cualquier ámbito y responsabilidad social, es al que siempre animaba San Josemaría Escrivá, y recordó el domingo pasado Monseñor Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, en la clausura del Congreso “Católicos y Vida Pública” de Bilbao.

Es muy fácil cometer errores en política, incluso errores graves. Pero ahora, cuando vemos el pelaje de algunos, es cuando más se echa de menos los servidores públicos con principios que siguen el dictado de su conciencia. ¨¡Conciencia!¨, que bella palabra para que todo aquel que influye en los demás la  tenga inscrita en la frente. Louis Bouyer escribe que a Tomás Moro le hubiese bastado aceptar un compromiso equívoco, echar mano de la habilidad del político, para salir airoso. Pero Moro no hizo concesiones y siguió el dictado de su recta conciencia. Para Moro, el jurista profesional, el hombre de Estado, el padre de familia, el pensador o el mártir eran la misma cosa.

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