EL DECLIVE DE LA FAMILIA EN CATALUÑA

Olvidémonos por uno minuto, el tiempo que puede durar la lectura de este artículo, de la cuestión del nacionalismo y digamos, alto y claro, que con Pujol al frente de la Generalidad, gobernando Convergencia i Unió, hubiese sido imposible la deriva que está tomando la concepción de la familia en Cataluña.

Desde que gobierna el Tripartito y se plantea el nuevo Estatuto, se entra en una visión disolvente de los valores tradicionales de la familia y de la religión. Recuerdo que hice un informe sobre el proyecto estatutario, que entonces todavía no había sido aprobado, que tuvo bastante repercusión. En síntesis decía que el Estatuto acogía bajo su manto protector a cualquier concepción de la familia que no fuese la cristiana: la musulmana, incluso en su forma poligámica, las familias del mismo sexo en las que los hijos se crían sin la figura paterna o materna, o cualquier otra que no sea la que todos conocemos como normal, es decir, la familia de unos padres –padre y madre- que tienen unos hijos.

Ahora lo que llama la atención de los medios de comunicación son las situaciones extraordinarias, no las ordinarias o habituales: tener hijos “in vitro”, una abuela fecundada con semen de su yerno pues su hija murió en un accidente, el cambio de sexo, una primer ministro divorciada que vive con su amante, por supuesto mujer, y sus dos hijos menores, y así cualquier tipo de combinación o ingeniería genética por más extraña que parezca.

Bacon, ese grandioso pintor del horror humano que podemos admirar en el Museo del Prado, se negó siempre a que le llamasen “gay”. El siempre se consideró como un “rare”, nunca un “alegre”. Su vida le atormentaba y plasmó ese tormento en unos cuadros que son una verdadera meditación. Hay quien lo compara con Miguel Ángel, pero al revés, como el Miguel Ángel ateo del siglo XX. Lo traigo a cuento  porque es una inimitable visión de ese mundo que nos lleva a ninguna parte, algo que debería hacernos pensar sobre el horror, sobre lo que supone vivir en el horror. Y nosotros, los cristianos, hemos devaluado tanto nuestras creencias, que frente a esa belleza del horror presentamos, a veces, unas estampitas sobre la familia que no significan nada.

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  1. Juan Pedro opina:

    Y mientras, la Justicia se empeña en desmembrarla con separaciones y divorcios…

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