EL PAPA Y EL ANTISEMITISMO

A mí, esas absurdas e hirientes declaraciones hachas por el obispo lefebriano negando la realidad de las cámaras de gas, me producen, como católico, repugnancia, sonrojo y dolor. Pero no son muy distintas de esas otras que hizo ese ex general de las SS, fundador de un partido católico belga, el rexismo, que vivió refugiado en España, León Degrelle, al que demandó Violeta Friedman y que yo llevé como abogado hasta obtener el amparo del Tribunal Constitucional. Ambos eran creyentes católicos y, a lo mejor, incluso cultivaron la amistad.

Pero de ahí a acusar al Papa de complicidad por haber levantado la excomunión a los seguidores de Marcel Lefebre va un abismo y creo que entonces se desvía la atención de lo principal. Y lo principal es la inequívoca actitud de Benedicto XVI frente al antisemitismo. Efectivamente, hace unos días el Santo Padre recibió a 60 líderes judíos que tras escucharle dieron por zanjado el incidente, desagradable incidente, del obispo Williamson. El Papa dijo que “el odio y desprecio por hombres, mujeres y niños que se manifestó en la Shoa (Holocausto) fue un crimen contra Dios y contra la humanidad”. Y advirtió de forma rotunda para conocimiento de clérigos descarriados que esto debería estar claro para todo el mundo, especialmente para aquellos que representan la tradición de las Sagradas Escrituras”. El Papa no ha podido ser más rotundo: la negación o minimización del Holocausto resulta insoportable para los católicos.

Conviene también que se sepa que los lefebrianos se han distanciado de la barbaridad que ha dicho su obispo, que ha sido destituido de la dirección del seminario La Reja de Buenos Aires, y que han mostrado su total e indiscutible apoyo al Papa. Este episodio no debería servir para distanciarnos a católicos y judíos sino para que volvamos a meditar sobre la Soha.

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