UN MUNDO SIN ABOGADOS

¿Seríamos más o menos felices si los abogados no existieran? Un abogado americano, Philip K. Howard, acaba de publicar un libro que está entre los más vendidos que lleva, precisamente, este título y el subtítulo de “liberar América del exceso de ley”. Se trata del mismo autor que hace unos años escribió “La muerte del sentido común” que también fue otro “best seller”. En esa primera obra contaba, por ejemplo, como el exceso de regulación municipal obligó a la Madre Teresa a abandonar su idea de construir una casa en el Bronx para los sin techo. Los casos absurdos son tantos que al finalizar el libro, que se lee en un viaje, terminas con la boca abierta. Por ejemplo, esa guardería que, por no coger al energúmeno por el brazo, se le permitió, entre berrido y aullido, que destrozara la clase  hasta que vino la madre y pudo calmar a la fiera.

En España no estamos todavía en esta situación pero pronto llegaremos a ello. La ley ya no protege nuestra libertad sino que consiste en una serie de prescripciones absurdas que provocan corrupción. En Madrid sólo hay que adentrarse en el proceloso océano de la normativa para obtener una licencia. Miles de ellas se apilan haciendo cola mientras unos técnicos que por las mañanas trabajan en el Ayuntamiento entre café y café, y por las tardes en cualquier estudio particular, van poniendo pega tras pega a los proyectos que los desesperados empresarios y particulares presentan después de haberse dejado miles de euros en confeccionar esos estudios.

Parece mentira que personas como el Alcalde de Madrid, tan listos para lo que quieren, resultan tan ineficaces cuando se trata de hacer el trabajo, ciertamente aburrido, para el que fueron elegidos. No se si seríamos más felices sin abogados. Desde luego seríamos mucho más felices si algunos funcionarios municipales hiciesen correctamente su trabajo. Claro que a ellos, ¡qué les importa! Al fin y al cabo, a fin de mes seguirán cobrando el mismo sueldo.

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  1. Juan Pedro opina:

    Sin abogados creo que seríamos todos víctimas irrecurribles de las primeras instancias.

  2. JOSE MANUEL PARDEIRO opina:

    El artículo 24 de nuestra Constitución dice claramente que todos tenemos derecho a la asistencia letrada. Pero un derecho no es una obligación. Por lo tanto, imponer la asistencia letrada limita indebidamente un derecho permitido por nuestra Constitución, que debería de ser protegido y no recortado por las demás leyes, sometidas jerárquicamente a nuestra norma suprema.

  3. anita opina:

    menos abogados? mejor menos leyes que dan vueltas por las pizarras de nuestros legisladores y que lo dejan todo patas arriba. tanta ley perdida, entre el derecho común, el foral y el comunitario, que los tribunales parecen las ventas, donde se dan más capotazos que en san isidro.

    voto por menos leyes que regulan, lo regulado, lo vuelven a desregular, y el legislador que lo aprueba buen legislador sera.porque lo que hoy en dia se aprueba da mas miedo que ir al dentista para que le saquen a uno las muelas del juicio.

    y como dice don carlos arguiñano la cocina, - o el derecho- siempre con fudamento.

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