PRESENTACIÓN “LA COCINA DE LA JUSTICIA”

Estas son las palabras que pronuncié ayer en la presentación de mi libro:

-Agradecimientos:

          * Antonio Hernández-Gil: Compartí cinco intensos años en la Junta de este Colegio cuando el era Secretario de la Junta de Gobierno y yo el Tesorero de la Corporación. Fue el principal apoyo que tuve para dar viabilidad económica a esta Institución, comprar el nuevo edificio y arreglar las finanzas del servicio médico.

           * José Gabaldón López: Lo conocí cuando presidía la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional y yo estaba al otro lado de la mesa, planteando arduas cuestiones en nombre del SEPLA y de complejos asuntos, a cual más complejo, e incluso me dio la razón en varias ocasiones.

           * Ángel Expósito Mora: Es el director del centenario diario fundado por Don Torcuato Luca de Tena, primer Marqués de Luca de Tena, cuyo nieto, Guillermo Luca de Tena, primer Marqués del Valle de Tena, se encuentra aquí sentado pues a él y a sus hijas me une una relación muy estrecha de hace ya treinta años. En este periódico, en el que colaboro desde 1975, fui publicando, a lo largo de los años ochenta y noventa los artículos que ahora, ordenados por materias e intencionalidad, se publican en este libro.

          * Alejandro Pintó: Es el presidente del grupo editorial que se ha arriesgado a publicarme.

- Un libro nuevo, en el fondo, es una excusa que tiene el autor, no sólo para mostrar su trabajo sino para volverse a presentar y representar, primero ante sí mismo y, después, ante un público, más o menos numeroso, que lo juzgara.

- Veamos, pues, que hay detrás de esta pequeña obra recopilatoria. Hace 38 años, a los 21, me colegié en Barcelona y a los pocos días entré a trabajar en el despacho del profesor Manuel Jiménez de Parga. A su lado aprendí casi todo lo que sé de esta profesión y, sobre todo, la importancia que tenía el mundo de los medios de comunicación para el buen éxito de determinados asuntos. Recuerdo que siempre nos decía, a quienes trabajábamos con él, que el éxito consistía en el cuidado de los detalles y, por supuesto en el estudio de los casos. De mi padre, que murió cuando yo apenas había cumplido 20 años, abogado de raza e innovador del urbanismo español –a él y al plan que pilotó se debe el Madrid moderno- desde que inicié mis estudios de derecho me decía que las sentencias había que leerlas enteras. Aranzadi sólo publicaba los “considerandos”, es decir, lo que ahora llamamos “Fundamentos de Derecho”, y él me insistía a que acudiese a la Colección Legislativa de España, que desde el siglo XIX editaba el Ministerio de Justicia, y que guardaba completa en las estanterías de su biblioteca, para que me enterase de los hechos que habían provocado cada caso. Así me fui aficionando a este noble arte de la abogacía que consiste, esencialmente, en defender derechos e intereses ajenos.

- La intención de este libro es mostrar de una forma sencilla y asequible algunos casos paradigmáticos que se presentaron ante los Tribunales entre los años ochenta y noventa. Me impulsó a ello la editora, Chantall Moll, que creyó, desde que se lo propuse, en la viabilidad de este proyecto. Cuando lo terminé de ordenar me di cuanta que, sin quererlo, me había salido un cuadro costumbrista de la sociedad española de esos años de cambio tranquilo que fueron los del primer socialismo democrático. Mi mayor satisfacción fue cuando mi mujer, que es empresaria y se dedica al comercio, comenzó a leer el libro y no se le caía de las manos e incluso le entretenía. Lo he conseguido, me dije. Eso es lo que he pretendido con esta publicación: hacer llegar al mayor número de personas posible la labor tantas veces incomprendida, y a veces incomprensible, de los jueces, de la mayoría de esos jueces que no son “estrellas”,  pero que son los que llevan sobre sus espaldas el trabajo de la Justicia. Los jueces llamados “estrella” son los que han dejado estrellada a la justicia.

- ¡Justicia!, que bella palabra y que maltratada se encuentra entre nosotros y en estos precisos días. Creo, y voy directo a entrar en el asunto que no puedo esquivar, que muchas de las reivindicaciones de los jueces son correctas. Pero quizás les sorprenda también escucharme, a mi que tan crítico soy en mis artículos y en mi blog con el gobierno que nos gobierna, que creo, sin embargo, que en lo que atañe a la justicia tiene intención de dar una solución correcta a muchas de esas reivindicaciones que plantean los jueces; y que bastantes de los actuales problemas de la justicia se vienen arrastrando desde hace decenios. Y, en fin, en cualquier caso a mi me parece sorprendente que uno de los poderes del Estado acompañe sus reivindicaciones técnicas con una amenaza de huelga. ¡Los jueces en huelga!, es algo que me resulta tan sorprendente como si los diputados, un día, decidiesen hacer lo mismo porque cobran poco o porque sus medios técnicos son escasos. Sinceramente pienso que los jueces y las asociaciones judiciales se están metiendo en un callejón de difícil salida que encontrará el rechazo de la sociedad.
 
- Otro de los motivos por el que me decidí a publicar este libro es por la actualidad de todos los temas que en el se tratan: terrorismo, tráfico de drogas, maltrato a mujeres, violaciones, dilaciones indebidas, corrupción, huelgas, impagados, compañías de seguros mal pagadoras, honores maltratados, y eso que me ha llevado a dar este título a mi libro: la jurisprudencia de temporada que, como la cocina, puede llegar a ser distinta según sea la estación del año o el interés del momento. Así, por San Isidro siempre comentaba alguna sentencia que recaía sobre toros; cuando llegaba el invierno trasladaba el interés a las estaciones de esquí o a las nefastas consecuencias de una gran tormenta, como esa sentencia que se pronunció sobre el telesilla que se calló como un castillo de naipes; y con los calores del verano caían los comentarios jurisprudenciales sobre piscinas o excursionistas averiados. Son miles las sentencias que tuve que leer para llegar a este resultado.

- Ahora sigo trabajando en lo mismo, pero quizás con no tanta inmediatez. Estoy haciendo dos estudios que tengo ya prácticamente acabados. Uno sobre dos sentencias y sus concordantes europeas y americanas, del Tribunal Constitucional, de una de las cuales fui actor principal como abogado: la sentencia que otorgó el amparo a mi querida y añorada amiga Violeta Friedman que sufrió la crueldad de Auschvitz. Y el otro libro, totalmente distinto, más divertido y costumbrista, se llama “la historia de una licencia”, tomando el título prestado de esa “Historia de una escalera” de Buero Vallejo. Es la historia increíble de como una licencia municipal puede convertirse en una historia de misterio, en cuya trama aparece desde una comunidad de propietarios hasta el escandaloso y corrupto sistema de concesión de licencias del Ayuntamiento de Madrid, que nuestro Alcalde, tan eficiente para tantas cosas, no ha sido capaz de ordenar. En ambos casos lo que me ha salido, o me está saliendo, son dos novelas, a caballo entre el relato y el ensayo, dramática la primera y cómica y de picaresca la segunda. Confío que antes de que termine el año poder presentárselas a ustedes. 

- En fin, les agradezco que hayan venido a esta presentación en las que tanto el Tribunal Constitucional, aquí tan dignamente representado, como el Tribunal Supremo son actores principales pues de esas dos instituciones han salido más del 80 % de las decisiones que han dado pie a mis comentarios en nuestro gran periódico ABC, diario en el que ahora, todos los domingos, hago un comentario desde un punto de vista laico del fenómeno religioso.

- Gracias a todos por venir a esta presentación y a este Colegio, que tanto me ha dado a lo largo de mi vida profesional, por acogerla.

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