LA JUSTICIA ESTÁ QUE ARDE

La justicia lleva muchos años en situación de ebullición y sólo era una cuestión de tiempo para que la tapa de la olla saltara por los aires. El caso del juez Tirado, la injerencia del gobierno en la actividad judicial, los medios antidiluvianos de la mayoría de oficinas judiciales, algunas ni siquiera informatizadas y… unos sueldos muy escasos a cambio de una responsabilidad enorme, ha hecho que los jueces, respaldados por todas las asociaciones judiciales, tanto las llamadas progresistas como las conservadoras, tomasen la decisión de ir a la huelga si el Gobierno no anunciaba medidas drásticas para enderezar esa catastrófica situación que se viene arrastrando desde hace decenios.

Llevo muchos años comentando temas judiciales y acabo de publicar un libro (ed. Difusión Jurídica) con el título de “La cocina de la justicia” sobre el trabajo de los tribunales a través de unos doscientos casos que abarcan todas las actividades y malas prácticas que, con el tiempo, tienen su adecuada y contundente sanción judicial. Es deplorable la situación en la que se encuentra ahora la justicia, con los tribunales colapsados y sin posibilidad de desatascarse en un plazo razonable de tiempo. Por más buena voluntad que le pongan los jueces, la situación no tiene remedio si desde el Gobierno, que tiene las llaves de la caja presupuestaria no se ponen los medios adecuados para resolver la dramática situación en la que está inmersa la justicia.

A mí, de todos modos, la amenaza de huelga, por aquello de que no está prohibida, me parece esperpéntica. ¡Los jueces en huelga!, ya sólo nos falta que un día se nos pongan en huelga los diputados. Ahora bien, sino hubiesen lanzado esa amenaza, ¿quién les habría escuchado? Ningún Gobierno, desde la aprobación de la Constitución, se ha tomado en serio la necesidad de modernizar la administración de justicia. Y si la justicia no funciona, el Estado de Derecho se convierte en una caricatura de sí mismo.

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