LA SANTA Y MARAÑÓN

Volvamos otra vez sobre lo mismo que siempre será fuente de inspiración inagotable. La Santa es la madre Maravillas de Jesús y Marañón es Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, consejero de PRISA,  la sociedad editora de “El País”. En ese diario, que no se caracteriza por su objetividad hacia la religión católica, brilló un artículo que publicó la semana pasada Gregorio Marañón sobre la desdichada polémica organizada por quienes han hecho del anticlericalismo una bandera desfasada aunque eficaz. Qué difícil es, Gregorio, cuando todo baja no bajar también. Hablar de la gozosa presencia de Dios o de la noche obscura del alma, que de todo hay en cualquier vida santa, referirse con conocimiento de persona cultivada y sensible a los escritos de la religiosa, y hacerlo como lo has hecho tu, Gregorio, desde la laicidad y el compromiso de las creencias que nos inculcaron cuando éramos niños, por encima de todo, tiene un mérito tan especial que hay que agradecértelo.

Como sin duda se lo habrán agradecido los muchos lectores de ese diario, tan distinto al nuestro pero tan respetable como el nuestro, que, como personas cultas, debieron sentirse avergonzadas al leer las ignorantes opiniones o soeces comentarios que desde sus páginas se vertieron sobre la vida mística de una monja que dedicó su vida entera, dejando la cómoda y aristocrática cuna de su nacimiento, a hacer el bien. Debemos agradecerle, pues, a Marañón ese perfil tan desconocido de la madre Maravillas que nos ofreció en su artículo, tan distinto a esas imágenes estereotipadas y absurdas que, por desgracia, son las que suelen quedar en el imaginario popular. He aquí algunos datos para nuestros lectores curiosos: la madre Maravillas fue elegida priora a lo largo de 48 años según la regla democrática por la que se sigue rigiendo su orden y fue una de las místicas más atractivas de la modernidad española. Siguiendo los pasos de santa Teresa, decía: “¿Miedo a la muerte? Si la muerte no es más que echarse en las manos de Dios”. Como escribió el otro día Marañón, en su vivencia religiosa se descubre una llama de verdadero humanismo. Esa “llama de amor viva” que San Juan de la Cruz nos dejó para la eternidad.

¿Ha sido absurdo, entonces, todo el griterío que se armó por la placa que en su memoria quería colocarse para conmemorar el lugar donde nació? Probablemente sin la iniciativa de Jorge Fernández Díaz, vicepresidente del Congreso de los Diputados, la madre Maravillas seguiría siendo hoy una desconocida para tantas y tantas personas que no tenían ni idea de su existencia antes de la polémica. Una santa cuya semblanza nos dejó Juan Pablo II en su viaje de despedida a España, cuando la canonizó: “Vivió animada por una fe heroica, plasmada en la respuesta a una vocación austera, poniendo a Dios como centro de su existencia. Superadas las tristes circunstancias de la Guerra Civil española, realizó nuevas fundaciones de la Orden del Carmelo presididas por el espíritu característico de la reforma teresiana. Su vida contemplativa y la clausura del monasterio no le impidieron atender a las necesidades de las personas que trataba y a promover obras sociales y caritativas a su alrededor.” Placa sí, placa no, qué más da. Su espíritu estará ya siempre presente.

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  1. Juan Pablo López opina:

    Estimado Jorge,

    La madre Maravillas es un una Santa y los “voceros” del Congreso de los Diputados unos desalmados. Hemos llegado a un punto donde el ateismo “radical” imperante pierde el tiempo atacando a la Santa Iglesia Católica y gritando si el Señor existe o no… atajo de ignorantes.

    Seguiremos defendiendo nuestra cultura y, por supuesto, a la Iglesia Católica.

    Un abrazo,

    http://respuestaiberica.blogspot.com/

  2. rojobilbao opina:

    El texto en cuestión:
    http://www.elpais.com/articulo/opinion/placa/discordia/elpepuopi/20090110elpepiopi_10/Tes

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