SIN SOLIDARIDAD NO HAY LIBERTAD

En la misa del gallo Benedicto XVI ha dicho, desde su hondura intelectual y filosófica, una de las verdades del barquero: sin solidaridad caminamos hacia la ruina. Ya no cabe imaginar un mundo en el que determinadas zonas vivan en la opulencia mientras otras se hunden en la miseria. Y todo esto, que parece una cantinela, una salmodia, un sonsonete reiterativo, triste y aburrido, que se repite anualmente “urbi et orbe”, desde Roma hasta Bombay o desde Helsinki hasta Ciudad del Cabo,  de repente ha adquirido las trazas de una pintura hiperrealista del mundo, de un mundo que no sabe lo que tiene que hacer para seguir progresando y vivir en paz.

Las colas de indigentes y desheredados de la fortuna o azotados por la sobrevenida pobreza ante las casas de caridad, los millones de niños a los que se da educación, desde la más elemental hasta la universitaria, los enfermos que acuden a los miles y miles de hospitales en los que son tratados con humanidad y alegría, los ex presidarios y drogadictos redimidos a quienes se les enseña a trabajar honestamente y se les reinserta en la sociedad, el auxilio espiritual que se ofrece al que lo necesita, todo eso, hecho en silencio, sin titular alguno en los diarios o, mejor dicho, padeciendo el escarnio por los errores cometidos o que se siguen cometiendo, que eso sí, eso si que ocupa las primeras planas de los periódicos, toda esa labor persistente, silenciosa, eficaz, es la prueba más evidente de que la Iglesia Católica intenta predicar con el ejemplo y, antes de cualquier otra cosa, ofrecer solidaridad para poder vivir en libertad.

Sin solidaridad, es decir, sin caridad –que viene de la palabra latina, romana, “caritas”- no puede haber libertad. Y sin solidaridad, sin principios éticos y morales, sin discernimiento del bien y del mal, sin gobiernos que miren por el interés general, será imposible salir de la paradójica situación en la que nos encontramos. El otro día, en una entrevista de recomendable lectura, nuestro cardenal Rouco afirmaba, con razón evidente, que la crisis económica había sido provocada, sobre todo, por fallos en la conciencia moral. Ubi caritas, ibi Deo.

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  1. Juan Pedro opina:

    ¡Felices y Solidarias fiestas!
    http://www.eacnur.org/estrellanavidad/index.html

  2. JTrias opina:

    ¡Feliz Navidad a todos los que comentais mis comentarios!… Y feliz Año Nuevo, también.

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