FAMILIA, CRISIS Y NAVIDAD

Estas fiestas inducen a pensar en la familia, la propia y la institución en general. Para los cristianos tiene un significado muy especial puesto que conmemoramos el nacimiento del Dios viviente que se encarna en una familia que le protege hasta la edad madura y le enseña, como a cualquier ser humano, a vivir y desarrollarse en sociedad. La verdad es que resulta un misterio esa dualidad divinidad/humanidad, pero cuando leo los Evangelios encuentro que esa dualidad convive en perfecta armonía.

Ahora, sumidos como estamos en una gran incertidumbre económica, quizás es cuando más sentido tiene la institución de la familia. Es el momento en el que podemos apoyarnos en ella para compensar las carencias económicas del día a día. Y para pensar en la soledad de tantas y tantas personas que deben acudir a la ayuda de una Caritas desbordada, para satisfacer las necesidades más elementales. Recuerdo, cuando era niño, el sermón –ahora se le llama homilía- del cura en la misa de gallo: mientras vosotros comeréis pavo y turrones, otros, que están a pocos metros, tiritan de frío y pasan hambre. Nos producía una cierta e indeterminada incomodidad esas palabras, aunque a medida que el país fue progresando, su discurso quedó desfasado. Y la apelación chinitos lejanos conmovía a poca gente. Después, incluso nos hicimos tan modernos que eso de la caridad lo metimos en el baúl de lo “kitsch”. Pero con los años volvemos a donde nunca debimos de salir y, afortunadamente, se comprende el exacto sentido de las virtudes teologales –fe, esperanza y caridad- y la cardinales –prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

Estos son días familiares donde, también, nos enviamos felicitaciones. A mi me ha conmovido, especialmente, la de mi amigo Alberto Benasuly porque recuerda nuestra festividad cristiana y la suya judía del encendido de velas, la festividad de Janucá, que es una fiesta de liberación, donde se lee el libro de los Números que habla de la consagración del altar por Moisés, y el de Zacarías que se refiere al candelabro de oro de siete luces, terminando el texto con esas palabras que les ofrezco a ustedes en este artículo de Navidad: “No con el poder ni con la fuerza sino con mi espíritu, dice el Señor de los ejércitos”. Celebremos, pues, la Navidad con la fuerza de Dios, con la fuerza del espíritu.

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  1. atticus opina:

    Feliz Natividad para usted y sus seres queridos, Don Jorge.Como siempre, sus palabras son un consuelo, pero en estas señaladas fiestas, lo son aún más. Ya no nos conformamos con lo que tenemos, no somos felices, siempre queremos mas y mas sin importarnos aquél que nada tiene. Lo dicho, dias para recapacitar y renacer como mejor persona desde el gozo de saber que el Hijo de Dios nacerá una vez más en nuestros corazones. A ver si es verdad y le dejamos nacer. Otra cosa es que la Ministra de Igualdad y sus allegados le deje, habida cuenta de su fanatismo por el aborto.n

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