EL RAVAL BARCELONÉS Y LA GUERRA DE BOMBAY

Estamos poco prevenidos ante posibles agresiones terroristas. Hace casi un año escuchábamos la noticia de que la policía había desarticulado una red islamista en el barrio barcelonés del Raval que pretendía organizar un caos terrorista en la ciudad. Lo que ha ocurrido en Bombay, pues, debe sumarse a lo que pasó en Nueva York, en Madrid, en Casablanca, en Londres o en Estambul a lo largo de estos últimos años y que no ocurrió en Barcelona porque se les desarticuló a tiempo. A lo mejor deberíamos enviar más tropas Afganistán para combatir a los comandos que, una vez entrenados en esos territorios, se camuflan en los nuestros para atacar en el momento más inesperado.

Hace poco le dije a un taxista de Barcelona que me llevase a una dirección del Raval y me miró con cara de asombro. Yo no había estado en esa barriada desde niño, cuando íbamos con los jesuitas a enseñar a leer a otros niños los domingos por la tarde. La recordaba miserable y sucia. Ahora era distinta, estaba bastante limpia. Era un viernes al anochecer, las calles estaban llenas de pakistaníes y había comercios rotulados en urdú (la lengua oficial de Pakistán). Luego me fui informando. De los 15.000 pakistaníes que, aproximadamente, viven en Barcelona, unos 7.000 habitan en este barrio. Cuando arrestaron a los 14 sospechosos de terrorismo muchos se manifestaron en su apoyo.

En el País Vasco, los 150.000 votantes aproximados de Herri Batasuna no van todos armados matando gente, pero el terrorismo no existiría sin ellos. En la India hay 150 millones de personas, en una población de más de 1.000 millones de habitantes, cuya religión es el Islam. Son una minoría que se siente apoyada por Pakistán, el estado vecino, y acosada por los hindúes, que son la mayoría gobernante. Ambos países tienen, además, armas nucleares. Lo que ha ocurrido en Bombay es nuevo, un presagio de lo que podría ocurrir en cualquiera de nuestras ciudades europeas.

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