UNA MONJA PELIGROSA

Las decisiones políticas más estrafalarias suelen, en España, estar habitualmente impulsadas por Izquierda Unida o por la Esquerra Republicana de Cataluña. Luego las hace suyas el Partido Socialista. Eso es lo que ha ocurrido con la rocambolesca historia de la placa en recuerdo de una monja, canonizada por Juan Pablo II, que dio la casualidad que había nacido en el lugar que ahora pertenece al Congreso de los Diputados. Ya es mala suerte. Comprendo que la Iglesia no quiera que la religiosa se pueda convertir en objeto de controversia política.

Recuerdo el emocionado e inteligente artículo que el Marqués de Marañón, Gregorio Marañón Bertrán de Lis, sobrino nieto de la Madre María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, publicó en “El País” el día de su canonización, o al día siguiente, en el año 2003. Me sorprendió, muy positivamente, que un consejero de PRISA se expresase, sin tapujos, en los términos en que lo hizo Marañón. Gregorio recordaba alguna de las veces que había visitado a su tía y la paz que sentía ante su presencia. En cambio he echado de menos su voz en estos días en ese diario precisamente, no en el nuestro que ya se sabe donde estamos, siquiera fuese para mostrar el verdadero rostro de una mujer notable, su tía, que, por encima de todo, era una persona buena dedicada a hacer el bien y a atender a los desheredados de la fortuna. He echado de menos su juicio, siempre mesurado, ante los despectivos e ignorantes artículos publicados en las páginas de los medios de comunicación de los que él es consejero.

¿Y qué me dicen de Bono? Afirman los caza masones que Bono es uno de los de la logia y el mandil, la escuadra y el laicismo. Pues vaya con el masón. Que me den un kilo de masones así, capaces de comprometer su futuro político por coherencia con sus convicciones, pues los prefiero a quienes se comen los santos y luego piden exorcismos contra la libertad de expresión. Una santa católica chirría en el Congreso y se lo lanzan, como una falsa moneda, los señores diputados. Su solo nombre resulta peligroso.

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