OLLERO EN LA ACADEMIA

En una sala de luz decimonónica y retratos de los antepasados de eso que fue España, entre los académicos vestidos de chaqué y sin condecoraciones, Andrés Ollero ingresó en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, en un acto presidido por el general y también académico Sabino Fernández Campo y rodeado, sobre todo, por el afecto de quienes somos sus amigos. Su discurso de ingreso trató del recorrido de la jurisprudencia constitucional desde la protección de la intimidad hasta el poder de control sobre los datos personales y de cómo la concepción iusnaturalista del derecho, en el fondo, ha ido impregnando de sentido toda esa jurisprudencia. El profesor, y así mismo académico, Manuel Jiménez de Parga, contestó al nuevo recipiendario.

No es este el lugar para referirse al enjundioso discurso del profesor Ollero y a sus brillantes disquisiciones sobre derecho natural e historicismo, iusnaturalismo, positivismo o herméneutica jurídica. Pero sí es el sitio adecuado para reclamar que tan brillante cabeza no sólo acampe en las academias o en las universidades, sino en el lugar en donde podría aplicar con más provecho práctico todos los conocimientos que ha ido acumulando durante decenios: el Tribunal Constitucional.

El Tribunal Constitucional no debería convertirse en una especie de parking político o judicial para ir colocando a aquellos políticos o jueces en agradecimiento a los servicios prestados, como ha hecho tanto el PSOE como el PP en los últimos años, sino el Tribunal que pudiese acoger en su seno a todos esos grandes juristas, como Ollero, que ya en la edad templada de sus vidas pueden convertir su ciencia en jurisprudencia.

La biografía del nuevo académico y sus extraordinarios méritos y conocimientos son de sobra conocidos, aunque quizás convenga recordar algunos hitos: además de catedrático fue diputado a lo largo de más de diez años y es uno de los juristas de mayor prestigio de nuestro país. Y, además, es un hombre independiente.

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  1. Carlos Melches opina:

    Los méritos de este colega dan motivo más que suficiente para que se hagan públicos, una vez más, al ser incorporado a a esta prestigiosa Academia. Mi más sincera felicitación,

    Carlos Melches

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