LA AUTOCRÍTICA DE LA CUMBRE

Desde mi punto de vista el documento firmado por los jefes de Estado o de Gobierno en la Cumbre de Washington es uno de los más importantes que se han elaborado desde el ya lejano de Bretton Woods. Ahora llegará la lluvia de críticas, pero el legado que nos deja el presidente George Bush, tras esa reunión, contrariamente a lo que suelo leer, creo que es francamente positivo. No ha habido mejor forma de gestionar la herencia socialdemócrata de la administración Clinton. Pues no fue Bush el presidente de los Estados Unidos que provocó el desencadenamiento de esta situación financiera envenenada que lo ha infectado todo, sino su antecesor en el cargo. Y tampoco creo que Clinton imaginase jamás que se pudiese llegar a este cataclismo sino que, entre todos, han errado gravemente el cálculo. Nosotros, al rebufo de la situación, también. Y las economías emergentes, otro tanto. Dar crédito a quien no puede devolverlo acaba costando caro.

Del documento de Washington me han parecido importantes, entre otros, los párrafos 3 y 4, que es donde se describen las causas de la actual crisis. Pues para poner los remedios, lo primero es conocer la naturaleza de la enfermedad. Es la primera vez que leo en un documento de esta índole una autocrítica severa a la actuación de “las autoridades, reguladores y supervisores de algunos países desarrollados”, sin imputar a este o estotro gobernante, como haríamos aquí, sino asumiendo cada cual su responsabilidad. En este sentido el análisis de la declaración me parece ejemplar.

En la misma línea, me empezó a gustar Zapatero cuando asumió como muy positivo todo lo que se había hecho en España en estos últimos treinta años. Si su visita a Washington, y el papel que puede tener España en el escenario internacional a partir de ella, va a significar el fin del adanismo, creo que comenzaremos a caminar por la buena senda y no por aquella, obscura, intransitable y absurda, por la que habíamos comenzado a recorrer en 2004.

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