OBAMA O EL COMIENZO DE LA GRAN CRISIS

Una crisis, según el DRAE, es una mutación considerable que acaece en una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya sea para agravarse el enfermo. Es una catarsis después de la cual el hombre se encuentra ante un nuevo paradigma. Creo que que con la nueva presidencia de los Estados Unidos estamos ante una nueva situación que comenzó a gestarse el 11 de septiembre de 2001 con el ataque a los Estados Unidos y al sistema capitalista. Cayeron las torres gemelas, pero también y no menos importante, parte del emblemático Pentágono que es donde se cuecen las grandes decisiones políticas para servirlas cocinadas en la Casa Blanca. ¿Qué otros hechos más brutales podían producirse para darnos cuenta que nos encontrábamos ante una nueva guerra de contornos difusos?

Al cabo de unos años, éste concretamente, se vio la fragilidad del sistema financiero sobre el que pivotaba la generación de la riqueza y como un castillo de naipes han ido cayendo, y siguen, las instituciones más sólidas del sistema. Un nuevo keynesianismo ha surgido de las pavesas del liberalismo y ahora estamos construyendo una especie de hibris capitalista que es muy probable que funcione bien en estas épocas de incertidumbre. De momento no sabemos todavía a donde dirigirnos ya que el enemigo, si es que existe, en esta guerra es fantasmagórico, y sus armas más letales son el desánimo y la desconfianza.

Estados Unidos es el país líder del mundo y el único que sabe dar respuestas acertadas en los momentos cruciales de la humanidad. Fueron los Estados Unidos quienes vencieron a Hitler, primero, y acabaron con el comunismo, después, y es ahora su fortaleza la que presenta una nueva ilusión en la que poder creer. Una fortaleza que se fundamenta en el espíritu liberal y cristiano que inspiró a los padres de la democracia americana y de todas las democracias del mundo. Juán Pablo II, el Papa polaco, lo vio con absoluta claridad. Y ahora Obama, el presidente negro, lo podrá hacer realidad.

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