A MAL TIEMPO BUENA CARA

Se que es difícil poner buena cara, y que las complicaciones económicas que se avecinan nos hacen fruncir el ceño. Estábamos acostumbrados a vivir bien e íbamos renovando las letras a su vencimiento o prorrogando la fecha de caducidad. Hacíamos como aquella deliciosa familia de la película que se está bañando en la playa de Dauville mientras los alemanes penetran por la inexpugnable línea Maginot. Recomiendo la lectura, o relectura, de “El jardín de los Finzi-Contini”, del escritor italiano Giorgio Bassani, una de las novelas más lúcidas y mejor escritas que he leído. Y he leído bastantes. Hay quien no quiere enterarse de lo que está pasando. Ahora no hay guerras, bueno, no hay guerras como las de antes. Pero lo que ha ocurrido en estos dos meses pasados es tan devastador como una guerra. En fin, la buena cara del próximo presidente de los Estados Unidos –Obama, según las encuestas- es quizás el mejor síntoma de recuperación que pueda insuflársenos en nuestros ánimos decaídos. Un cambio, a veces, es una necesidad.

 

Y el mal tiempo económico, no nos engañemos, también tendrá sus efectos beneficiosos. Por debajo de 70/80 dólares el barril, los gobernantes del tipo “Chaves” tienen poco que ofrecer, lo cual beneficiará la racionalidad y la libertad. Y los carburantes bajarán sensiblemente, lo que equilibrará los bajos beneficios de transportistas, tanto de mercancías como de personas. En general, también, los precios y la inflación deberían bajar, y eso compensará, aunque sea sólo en parte, las economías en paro o con sueldos congelados. Y si baja el euribor, como lo está haciendo está semanas pasadas, también volverán a abaratarse las hipotecas. Lo malo, y molesto, es que los profetas de catástrofes siempre terminan acertando aunque, para nuestro consuelo o el de nuestros hijos, tampoco hay mal que cien años dure.

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