LA CRISIS PERFECTA

Dentro de cincuenta años, los estudiosos dirán que en 2008 estalló la crisis perfecta, ese momento preciso en el que, como en la mayoría de los accidentes de aviación, la confluencia de varias causas unidas provoca una catástrofe. En nuestro mundo global, la catástrofe es el crack que estamos viviendo y que nos obligará, en un futuro próximo, ha sumergirnos en un proceso catártico con el fin de encontrar nuevos caminos por los que seguir andando progresivamente, en lugar de ir directos al precipicio que era a donde nos dirigíamos.

No sólo, pues, hay una crisis económica, sino, también, una crisis de valores. Veamos. Que el aborto y la eutanasia sean considerados, respectivamente, como un derecho o “muerte digna”, en lugar de hechos traumáticos y deplorables, debería hacernos reflexionar sobre nuestras conciencias éticas y morales. Que actuar según criterios de conciencia se convierta en algo excepcional en lugar de ser la regla que regule nuestros actos, debería escandalizarnos. Por el contrario, dejamos a la conciencia un campo cada vez más amplio que acaba desfigurándose y destruyéndose. Por ejemplo, que votar según criterios de conciencia en un Parlamento, el español sin ir más lejos, constituya un hecho sancionable y que no nos escandalice, es la prueba del grado de degradación al que han llegado las Instituciones y la crisis moral en la que estamos inmersos.

El capitalismo liberal, la democracia y la laicidad, son los tres pilares sobre los que se asienta el Estado liberal moderno. No es el capitalismo el que falla, tampoco la democracia. Y la religión, incluso, mejora el Estado de derecho. Toqueville ya decía hace doscientos años que igual que no puede haber democracia donde la religión coincide con la política, tampoco puede haberla donde la política rechaza la religión. Lo que no funcionan, pues, son las Instituciones, tanto públicas como privadas, que deberían impulsar y controlar el correcto funcionamiento de la democracia y el capitalismo. Y no funcionan porque estamos sumidos en una “crisis perfecta”, o en palabras de Benedicto XVI al Sínodo de Obispos, porque “hay quien, habiendo decidido que Dios ha muerto se declara dios a sí mismo, considerándose el único artífice del propio destino, y el propietario absoluto del mundo”.

Publicado en ABC el 18 de Octubre de 2008

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